viernes, 14 de enero de 2011

La excéntrica coleccionista.

Abre la nevera. Está casi tan vacía que le dan ganas de gritar y que el eco le responda para no sentirse tan sola. Sólo encuentra esperanzas caducadas y un poco de leche agria. Escucha un rugido. Tiene hambre de aventuras.
Se recuerda a sí misma que debe comprar esperanza, a ser posible del día, recién sacada del horno caliente. Humeante y esponjosa. Sabe que eso de alimentarse sólo de amargura acabará por pasarle factura. Está cansada de su vida, de despertarse cada mañana con un agujero en el estómago, de escuchar como le ruge el corazón.
Tiene las pestañas quebradizas, no pudieron soportar el aluvión de lágrimas de la noche anterior. Por supuesto, sabían a desesperanza.
Con un movimiento de cabeza, ahuyentó los malos pensamientos que viajaban en un barco pequeñito por su mente. Como un tumor que se extiende a lo largo y ancho del tejido cerebral. Tomó una determinación.
Rebuscó entre sus cosas hasta dar con un bolígrafo mordisqueado y un trocito de papel medio chamuscado. Comenzó a escribir una lista de cosas necesarias en su vida, cosas que debía comprar.

- Dos cajas de esperanza.
- Cinco paquetes de veinte sonrisas cada uno.

No importa la marca. No importa el precio. Pensó.

- Besos.

Dejó de escribir y paseó la mirada por la habitación, observando todas las cajas de emociones que habían quedado vacías y deterioradas por la humedad.
Los besos. Pensó. No se pueden comprar, no tienen un precio asequible para una coleccionista tan excéntrica como yo. Se mordió los labios, apunto de echarse a llorar. Abrió mucho los ojos, dejando que la idea se apoderase de ella. Se roban. Sonrió un poco, sorprendida de poder sonreír todavía. Sin esperanza. Pensó. No hay sonrisa. Sin sonrisa no existe la posibilidad de tener confianza de una misma, por tanto, no pueden robarse besos. Sus pensamientos le parecieron razonables, tomó impulso y se levantó del suelo. Se deshizo del pijama de tedio marrón que llevaba puesto y lo dejó hecho un gurruño junto con otras porquerías innecesarias. Le sacó la lengua, mofándose de su situación. Fue a su armario y descartó varios vestidos; el gris de la conformidad, el negro de la tristeza más grande, el blanco de la pureza, pensó en ponerse el verde, que la hacía sentirse virtuosa. Pero decidió que necesitaba fuerza. Optó por el vestido rojo.
Antes de salir de casa se le ocurrió mirar debajo de la cama, encontró una sonrisa sincera que se comió en dos bocados. Estaba hambrienta.
Con una sonrisa en los labios y sintiendo la fuerza bajo sus pies, salió dispuesta ha robar todos los besos que se le terciaran. Y puede que alguno más. Pensó mientras cerraba la puerta con llave y dejaba de par en par la de su corazón.

7 comentarios:

мont ♠ dijo...

Entre las metáforas, el ritmo ameno de la lectura y la pasividad del texto no he podido sentir otra cosa que estar en la piel de esa chica.

Ha sido como ver una parte de su alma.

=) Un saludo!

Belsan dijo...

Las metáforas son lo mejor. Apetitosas.

Aururu dijo...

No han podido describirlo mejor: "totalmente apetitoso" De principio hasta su inacabado final.

No recordaba cuánta falta me hacía "comer" algo tan "deliciosamente" preparado.

Besos,

Aururu.

Anónimo dijo...

Genial! Me encanta :)

Leyla dijo...

Un placer :)

Phoebe dijo...

¡Ay Vilma! *_*
Me ha encantado esta entrada de verdad ^^ ¿Es la qué querías hacer más extensa para el concurso?
¡un beso! (:

valentina dijo...

EYYY siento no leer antes tu blog! esta me gusta mucho mucho mucho pero es que mucho!!
te quiero guapaaaaaa!