martes, 9 de noviembre de 2010

No es una asesina, solo un poquito rara.

Cuando la mira le gusta quedarse en silencio y relatar en su cabeza un sin fin de historias que desearía llevar a cabo pero por miedo a la realidad y a la crudeza del sexo no se atreve ni a nombrárselas.
Su mente se disparata, se retuerce en sueños sórdidos. La acaricia con las manos frías pero sin rudeza, casi con compasión. Todavía no se atreve a arrancarle el corazón, porque de algún modo ya es suyo y no le hace falta extirpárselo del pecho y guardarlo en sus tarritos de formol. Están vacíos. Sabe que no es una asesina. Sabe que lo que piensa está mal. Pero es una de sus rarezas, que no puede evitar.
Se la imagina con un gran agujero entre los pechos y le entran ganas de llorar. Por las noches le gusta oírla respirar y sin su corazón no podría entretenerse con esa respiración entrecortada que tan loca le vuelve. No podría oírla gritar ni sentir como su piel se llena de bultitos al contacto del frío de sus manos o cómo se pone colorada cada vez que se muerde los labios al verla desnuda.
Para evitar los malos pensamientos, dejaba volar la realidad y disfrutaba practicándole sexo oral.

3 comentarios:

Saya dijo...

Jamás había leído a alguien como tú... describes el amor y el sexo de una forma que estremece...

valentina dijo...

te sigo Vilma! es erótico pero también es muy bonito!

Kira dijo...

describes las cosas de una forma interesante pero linda....bien hecho! ^^