lunes, 19 de julio de 2010

Cosas de vida y de muerte.

Nunca os he contado que yo no estaba destinada a vivir. Cuando nací, nací prematuramente y con muchas complicaciones respiratorias. Estuve a punto de morir, pero afortunadamente o por desgracia sobreviví aquella tarde. Tuve que estar interna casi dos meses en una incubadora de lo que pequeña y frágil que era, apenas llegué a pesar un kilo de bebé. Más tarde con unos meses estuve muy enferma, volví a estar cerca de la muerte, esta vez por desnutrición. Vomitaba todo lo que comía. Mi madre me contó que estaba azul y que no respiraba apenas cuando llegué al hospital de urgencia. Volví a vivir.
Quizás esas complicaciones se quedaron grabadas en mi subconsciente y por eso siempre tiendo a dejar de vivir más que a intentar sobrevivir.
Tal vez por eso siempre me ha maravillado la idea de dejar de existir en algún momento de mi vida. En esos en los que la vida se me hace tan complicada que no puedo con ella. De todas formas, estos episodios creo que me han hecho más fuerte.
Aún así, recuerdo con toda claridad cuando tenía 12 años y decidí que no quería vivir más y me propuse una fecha límite para intentar sobrellevar la vida como todo el mundo. A los 15 años era esa fecha límite. Estaba pasando por una muy mala racha en mi vida, me sentía sola y desesperada. Hice una tontería, y mis padres, lejos de preocuparse, lo dejaron pasar. Tal vez si en ese momento hubiese recibido la ayuda que realmente necesitaba ahora estaría hecha de otra pasta, pero no tuve esa opción y tuve que sobrevivir a la fuerza bruta de desengaños de la vida sin ayuda de nadie. Fue entonces cuando encontré refugio en los libros, la música y la escritura, que han sido una muy buena terapia.
Con el tiempo, me asustaba tanto la idea de vivir que no vivía. No sentía y no creaba recuerdos que me hiciesen seguir adelante. Probablemente esa etapa de mi vida es la consecuente de que yo no tenga casi amigos, sea un como hermitaña y tenga una personalidad extremadamente rara. Quién sabe, tal vez he vivido demasiado de cuentos y no entiendo qué es la realidad de la vida.
En todo caso, estos últimos tres años he vivido más que en toda mi vida. He conocido el amor y el desamor. He probado el sexo, las drogas. He experimentado la amistad más fuerte y el dolor más doloroso. Y eso me ha hecho despertar de mi trance y lanzarme al abismo que es la vida.
No me arrepiento de nada de estos tres años, sin embargo, me arrepiento muchísimo de haber tirado por la borda mi infancia y mi adolescencia y haberme convertido en adulta siendo tan solo una niña con cuerpo de mujer.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encantas

Vilma Picapiedra dijo...

gracias :)
pero... ¿por qué?

Anónimo dijo...

Pues... Por tu personalidad, tu forma de escribir, tu madurez, tu estilo... Y esa música que has puesto en el perfil simplemente me mata. Por cierto, nunca me canso de leerte, sigue así preciosa! =)

Vilma Picapiedra dijo...

vaya, pues muchas gracias, me alegro de que te guste :)
un besito!