domingo, 27 de junio de 2010

Orgullo 2010

En españa se traduce mal desde siempre. Gay Pride, principalmente no significa "Orgullo Gay". ¿Por qué he de sentirme orgullosa de mi orientación sexual? ¿No debería sentirme orgullosa de otras cosas, como por ejemplo de mi familia que me apoya aun siendo diferente?. El caso es que Gay Pride signfica literalmente DIGNIDAD GAY. Y Ahí el contexto sí tiene sentido, en el día del Gay Pride se pide dignidad y aceptación, cosa paradójica cuando ese día se pierde toda la dignidad que tiene una persona disfrazándose y reivindicando algo que no necesita ser más reivindicado.
No me malinterpretéis, a mi me da igual que haya hombres travestidos o mujeres ultra masculinas, cada uno es como es y es libre de vestirse y ser como le dé la gana, pero luego que no se quejen cuando la gente generaliza y la sociedad gay está plagada de clichés absurdos como que las lesbianas son todas mujeres que quieren ser hombres y los homosexuales son todos unos "maricones". Es lógico que lo piensen cuando ven semejante "Orgullo".
Este año, contra todas mis creencias, decidí ir a ver si cambiaba de opinión o seguía con la misma. Sigo con la misma opinión, pero me alegró ver que había gente con pancartas reivindicativas hacia las matanzas de antes y de ahora hacia los homosexuales y lesbianas de todo el mundo. El discurso me emocionó muchísimo y la verdad es que me divertí mucho.
Pero, por culpa de los clichés, malditos clichés no había una sola persona que no me preguntase si era lesbiana o heterosexual. ¿Qué pasa? ¿Que si no llevo camisetas de leñador y pelo corto no soy lesbiana o qué?
Son cosas con las que tengo que vivir cada día porque la gente tiene una idea errónea de las personas, creen conocernos y generalizan demasiado. Es el cáncer de esta sociedad, uno de tantos.
Yo propongo cambiar el nombre, osea, traducirlo bien y darle una nueva visión. Una no tan "orgullosa" por otra más "digna".
Sí queremos respeto, aceptación, que no tolerancia, la tolerancia nunca me ha gustado, porque significa que soy algo anormal y no lo soy, soy una persona con sentimientos como todas las demás y si yo acepto a los demás, quiero que los demás me acepten a mi.
Por la aceptación y la dignidad gay.

domingo, 20 de junio de 2010

Sin condiciones.



Justin: Para.
Brian: ¿Qué? ¿Tienes algo mejor que hacer?
Justin: Los deberes.
Brian: Veo que tenemos un problema. ¿No me dirás que sigues enfadado por el tío del otro día? Ni tan siquiera le recuerdo. No pasó nada.
Justin: Lo sé. Estabas siendo tú. Y sé bien quien eres. No espero que cambies ni siquiera lo quiero.
Brian: ¿Entonces?
Justin: ¿Por qué estoy aquí?
Brian: Una noche tus papas quisieron hacer un niño y…
Justin: Hablo en serio. ¿Te sientes culpable de lo que paso? Contesta, contesta. ¿Si no me hubieran golpeado estaría aquí?

*

Justin: ¿Qué quieres?
Brian: Es verdad. Te acepté en mi casa porque te golpearon. Pero no quiero que te quedes por eso. Aunque… no pienses que somos un matrimonio porque no lo somos. No somos como los putos heteros, no somos como tus padres y no somos un par de bolleras caminando hacia el altar con trajes de Vera Wang. Somos maricones y si estamos juntos es porque queremos que así sea. Así que, si llego tarde supón que estoy haciendo lo que quiero hacer; follándo. Y, cuando llegue a casa también haré exactamente lo que quiera; estar contigo.
Justin: Vale. Yo también quiero cosas. Puedes follarte a quién quieras, siempre que no sea dos veces. Lo mismo para mí. Y nada de intercambiar nombres o teléfonos. Y no importa dónde estés ni lo que hagas, volverás a casa. A las dos.
Brian: A las cuatro.
Justin: A las tres. Una cosa más. No besarás a nadie en la boca. Sólo a mí.

.Queer As Folk



No quiero que cambies, no quiero que te vayas. Te quiero por como eres, con todas las consecuencias. Eres cómo eres antes de conocerme y si tienes que cambiar algún día, que no sea por mí, que sea por ti misma. No quiero que te agobies ni que te sientas enjaulada. No quiero que huyas de mí porque tengas una idea equivocada, sé lo que quiero y te quiero a ti, sin condiciones. Sin lamentos. Sin pena. Porque sí, porque soy caprichosa y lo quiero así, aquí y ahora. No sé qué pensaré mañana, pero hoy te quiero sin recelos.
Nunca pensé que me volvería a sentir así, pero no quiero mortificarme ahora, no estoy preparada. No lo quiero.
Un amor sin condiciones o las que queramos poner, pero sin prisas, con pausas, sin dar marcha atrás. Sin contemplaciones y sin comeduras de cabeza.
Eres una persona sorprendente, me atraes de una manera de la que nadie me ha atraído jamás. Será porque eres inalcanzable, imposible de enamorar. Inflexible y casi impenetrable.
Me gusta estar contigo, escucharte hablar y mirarte. Y me gustas porque me haces reír y porque eres como una burbuja antiestrés, porque no tengo que contarte mis penas y mis lamentos, contigo es diferente. Mejor. Es una forma de dejar de pensar en lo malo y vivir el presente con cerveza y sin luz.
Me río al recordar el día en que me besaste por primera vez. Fue absurdo y me sentí ridícula, pero me gustó, porque fue especial. Fue mono. Adorable. No fue ridículamente romántico, ahora esas cosas me dan asco. Nauseas, huyo de ello.
No me apetece derrochar el romanticismo, no hacen falta palabras, ni gestos. El romanticismo es el sentimiento y puede que sea una cursi, pero nunca te he dicho te quiero mirándote a los ojos y probablemente no lo haga nunca, porque no me gusta, por que no me sale. Porque querer no son palabras, si no actos. Y este no es un acto de amor, si no, que te escribo mis pensamientos y deseos. Y te deseo a ti, con todo mi cuerpo.
No voy a decir cursilerías, aunque puede que esto te parezca una cursilería. No voy a pedirte nada ni esperar nada de ti. Solo lo que tú quieras ofrecerme. Sin agobios, solo sinceridad y calma. Te quiero, sin promesas, sin te quieros.
No quiero velas, ni rosas. Solo verte y escuchar tu risa. Que tu acento me envuelva y me lleve a otra parte del planeta.
Soy adicta a ti. Porque eres difícil de conseguir. Me duele pensar que tengas miedo o que no quieras saber nada de mí, por alguna razón oculta que no sé. No sé si todavía te gusto, si me quieres o no, si me deseas. No lo sé, nunca hablamos de estas cosas.
Eres cabezota, pero también eres diferente a las otras personas que conozco. Me respetas a mi y a ti misma más que nadie. No me haces daño, si no al contrario, intentas hacerlo lo mejor que puedes. Y solo con intentarlo ya me haces feliz.



Y perdona por esto...

viernes, 11 de junio de 2010

Chiquitita.


Viernes. Soñé uno de esos reales, esos que al despertar sientes que han ocurrido de verdad. Me desperté con los lametones de mi cachorrita, Chica, pensando que era mi perra adulta (lo que más quiero en este mundo) Buffy. En el sueño, ella venía a mi cama y dormía conmigo, sólo eso.
Sábado. Abandoné mi casa con prisas y una extraña angustia que me atenazaba, no sé cómo explicarlo, pero sabía que algo malo iba a ocurrir. Pasé la noche entera sin dormir, desvelada entre pensamientos y sensaciones.
Domingo. Estaba triste, porque iba a separarme de una de las personas que más quiero, mi amigo Carlos, que se va a vivir a Londres. Camino de casa llamó mi madre, con voz serena, y me dice que tiene que darme una mala noticia. Miedo. Pensé en mis abuelos, pensé en Chica, pero mi madre no lloraba cuando me dijo que tenía que hablar conmigo. Pensé en mi padre. Estaba muy preocupada. Llego a casa. Lágrimas, silencio. “¿Dónde está Buffy?” Pregunto, temiéndome lo peor. Mi madre llora, mi tía llora. Mi padre no se levanta de la cama. “Se ha escapado” solloza mi madre. La odio. Con toda mi alma. Dolor. Me muero. Cojo las llaves y salgo corriendo a buscarla. Lloro, lloro muchísimo, sin poder contener el dolor que llevo dentro. Grito. Me miran y yo lloro, lloro y me retuerzo. No puedo seguir viviendo. Me duele el corazón, me duele la vida, me duele su ausencia. No está. No hay rastro. Mi abuela llora, me abraza. Grito. Odio a mi madre. Me odio a mí, me echo la culpa. “¿Porqué salí anoche?”. Rabia.
Lunes. Desesperación. El sueño pesándome en los párpados. Estómago cerrado. Lágrimas incontrolables. Locura. Carteles con su foto, cansancio acumulado. Melancolía. La echo de menos, tanto que me duele todo el cuerpo. Sueño. Cama vacía. Ella no está. Diazepan 5 miligramos. Me despierta mi madre, trae consigo un cachorro, la deja en mi cama para que la vea. La odio, la detesto, no quiero verla. La aparto. “Llévatela de aquí, no quiero otra perra nueva, quiero a mi perra”. Lágrimas.
Martes. Suplico el día libre en el trabajo. Seis de la mañana, paseo buscándola sin éxito. Depresión. Dormito en el sofá mientras la nueva cachorra mordisquea distraídamente la manga de mi sudadera. Dolor. No soporto no verla, la echo de menos. Echo de menos llegar a casa y verla. Dormir con ella y olerla. Buffy huele a sol y a mar, huele a verano. Añoraba ese olor.
Miércoles. Llego. Derrotada. Una llamada. Lágrimas y risa. Abrazos y más lágrimas. La han encontrado. Está viva y está sana. Lady Gaga, 73’50 €. Noche. La veo, ha cambiado, la han convertido en algo que no es, pero sé que es ella. Me ve y viene corriendo a mí. Saluda a mi madre y a mi padre, se vuelve loca ladrando y lamiendo caras. Incredulidad, fascinación, agradecimiento.


Esta sin duda ha sido la semana más angustiosa de mi vida y a la vez que la más feliz. Llevaba una temporada muy deprimida, muy tristona, y este hecho, me ha devuelto la vida. Soy feliz, tan feliz que podría morir. He recuperado a mi medicina, a mi “Buffycoat”, que me ha ayudado tanto en los peores momentos de mi vida, arrancándome una sonrisa y haciéndome compañía las noches más frías. Tengo una perrita preciosa que huele a sol y a mar, huele a verano, huele a esperanza.