martes, 11 de mayo de 2010

Un relato sucio, muy sucio.

No podía conciliar el sueño, llevaba horas mirando el techo, en la penumbra de mi habitación, escuchando la acompasada respiración de Ania, que de pronto, se había vuelto frenética. Alarmada, intenté despertarla, pero estaba soñando y sonreía en sueños. Observé como sonreía y se acariciaba el pecho, mordiéndose los labios y emitiendo algún que otro gemido. Estaba completamente perpleja e hipnotizada ante aquella escena. Vi como poco a poco, su mano bajaba hacia su abdomen y se detenía ahí, sin querer ir más lejos. Como si una barrera invisible le impidiese ir más lejos. Fruncía el ceño, frustrada. Parecía enfrascada en sus pensamientos nocturnos, y yo, a su lado no podía dejar de mirarla. Quería tocarla, pero me daba miedo su reacción. No se si en sueños o medio despierta, susurró mi nombre en un rezo. El corazón me dio un vuelco. ¿Estaba soñando conmigo? Puse mi mano temblorosa sobre la suya, que yacía sobre su ombligo. Se despertó, sin sobresaltarse y me miró. Había muy poca luz, la que apenas se filtraba por la ventana, la luz de la luna y de las farolas encendidas de la calle. Sus ojos me miraban trastornados. Cogió mi mano y se atrevió a hacer lo que no había hecho durante su sueño. La sentí caliente a través de la ropa. Cerró los ojos. Yo, todavía perpleja no sabía muy bien qué hacer. Qué quería que hiciese con mi mano ahí. La acaricié instintivamente, sintiendo como la humedad de su sexo de adhería a la ropa. Temblaba. Abrumada por el instinto sexual, me deshice de su ropa y jugueteé con el elástico de su ropa interior. Ella se acercaba cada vez más a mí, tal vez intentando decirme sin palabras lo que quería que hiciese, pero yo todavía no me decidía a dar el paso. Con una voz que nunca le había escuchado, susurró un “por favor” casi como una suplica, mientras dirigía mis manos hacia donde ella quería. Estaba húmeda y al contacto con mi piel, se estremeció. La acaricié, sin saber si aquello estaba mal o bien, solo sentía que deseaba hacer aquello y que deseaba hacerlo con ella y que, una pequeña tortura se estaba apoderando de mi cuerpo también. Sin pedirle nada, Ania comenzó a tocarme como yo la estaba tocando a ella. Sentí todo lo que sentía cada vez que me abandonaba al placer de mis caricias pensando en Ania, solo que esta vez, era ella misma la que me estaba proporcionando placer, y eso lo hacía más intenso. No sé cuánto tiempo pasó desde que comenzamos hasta que acabamos. Estaba borracha de recuerdos y de sentimientos encontrados y no tardé en sucumbir a la paz y soñolencia después de conseguir algo que llevaba tanto tiempo esperando sin saberlo ni reconocerlo.

Para ti, Frank :)

1 comentario:

Kanki dijo...

Me gusta que me dediquen textos asi de subiditos por la noche!! (:
Maldita imaginación mia, me ha hecho ver cada palabra que has escrito como si estubiera apollado en el borde de la cama mirandolas...

Brutal.