miércoles, 12 de mayo de 2010

Mente enferma, locuras de amor I.

Me sentía horrible. Destrozada. Emocionalmente atada a la idealización del amor que tenía en mi cabeza. Cada noche acudía a la cabaña con la vana esperanza de que Ania apareciese en cualquier momento y así obtener de ella nada más que el sexo tóxico que me tenía enganchada como un drogadicto a su heroína. Ella era mi marca de heroína y sabía que me hacía daño, sin embargo me veía incapaz de dejarla. Ania venía alguna noche, con el alma derruida, una vez más violada por un hombre al que ella intentaba amar y sentirse amada. Una vez más utilizada, engatusada por mentiras disfrazas de promesas. Cada vez que yo la besaba, cada caricia, era una promesa mía que descartaba una vez finalizado el acto y, después de usarme para su consuelo, me dejaba vacía intentando en vano llenar el hueco de mis entrañas con otro amargo encuentro.
Llenaba mis pensamientos y mis días, y no había una sola cosa en el mundo que no me recordara la suavidad de su piel o el brillo de su melena rubia. Si miraba el mar, evocaba el recuerdo de sus eternos ojos azules, que te congelaban la mente y los sentidos con la escarcha que emanaba de su luz.

1 comentario:

Ai-Vicious dijo...

oh dios.... T_____T