domingo, 25 de abril de 2010

A las señoras mayores no les gustan las niñas de labios bonitos pintados de rojo.

Era medianoche y había bebido un poco. Antes de salir de casa me miré en el espejo; el pelo larguísimo cubriendo mi pecho y la espalda, brillante y sedoso, con tenue olor afrutado y dulce. Las pestañas larguísimas y rizadas y los ojos bien abiertos. Pero faltaba algo. Los labios rojos, por supuesto. Y eso hice, pintarme los labios rojo puta, y sentirme más sexy todavía, sintiendo el roce del encaje bajo mi ropa de mujer.
Cuando llegué estaba sola, me acerqué a la barra a charlar con el chispeante barman, amigo mío. El cobrizo de su pelo desentonaba en aquel lugar, pero supongo que eso es lo que lo hacía especial. La misma música de siempre sonaba en el tocadiscos y con su voz de siempre y el tono de siempre, me preguntó.
- ¿Qué te pongo, tía?.- todos somos sus “tíos y tías” colegas, amigos, camaradas. Una gran familia.
- No lo sé, sorpréndeme.- respondí yo, como siempre también. Suele gustarme todo lo que me ponga él, aunque a veces me drogue sin yo enterarme o me engañe diciendo que es vodka negro cuando en realidad es absenta negra, de ochenta y cinco grados de alcohol. Por eso siempre huelo primero antes de beber. Es una norma para todos. Oler antes de ingerir.
- No sé tía, lo que quieras. ¿Un chupito?
- Sí, un Ferrari.- No sé muy bien la mezcla de esa bebida, pero sabe a café y eso me gusta. Café que te calienta todo el cuerpo aun siendo una bebida fría.

Me bebí el chupito de un trago, como debe ser. Y en ese momento me fijé a través del espejo que tenía delante –no podía dejar de mirarme, no acaba de gustarme los labios tan rojos- de que me miraba intensamente un hombre mayor, de unos cincuenta o sesenta años, muy desaliñado, con la barba marronácea y aparentemente sucia. Recuerdo que su barba era del mismo color que su ropa. A su lado se sentaba una mujer de unos cuarenta y cinco años aproximadamente, rubia oxigenada, pecho prominente y demasiadas curvas para tan poco cuerpo. Ella también me miraba fijamente. Hasta que me abordó el hombre desaliñado.

- ¿Llevas pestañas postizas?.- me preguntó, con voz ebria.
- ¿Eso, llevas pestañas postizas?.- se unió la rubia oxigenada.
- Sí.- respondí tímidamente.- aunque sólo me las pongo porque tengo muy poquitas.- expliqué. Siempre tiendo a dar explicaciones de todo. No sé porqué.
- ¡Uy! Pues no sé porque las llevas, con lo guapa que eres. Eres muy guapa, tienes una carita de porcelana. ¿Has visto que guapa?.- dijo la rubia. Yo sentí como mis mejillas se encendían de vergüenza. No sé como actuar cuando la gente me alaba, y menos cuando son desconocidos. Y menos cuando he bebido y estoy sola en un pub.
- Vaya… gracias.- respondo, huyendo sus ojos oscuros, que escrutan mis labios de una forma que no supe definir hasta…
- Pero te falla algo. Porque tú tienes unos labios muy bonitos, y no te hace falta pintártelos tanto.

Abrumada por la vergüenza y por la realidad. Le dije que sí, que tenía la razón, que estaba observándome en el espejo y que no me gustaba lo que veía. Y volví a decir gracias por el piropo hacia mis labios bonitos.
Fui al baño y restregué mi boca con papel, para librar mis labios del carmín. Me miré en el espejo y sonreí. Pensé: “Esta sonrisa, no me la quita nadie.” Cuando salí mis amigos estaban esperándome.

sábado, 17 de abril de 2010

De entre los labios se me escapa la vida.


Mi vida, sinceramente y sin exagerar, está compuesta por una retahíla de sucesos desafortunados, una cadena de desastres y malos recuerdos que han mermado mi corazón. Y ahora la soledad se apodera de mí y me aplasta como una losa.
Y la vida se me va... así sin más.

Foto de: http://prozacparaolvidar.blogspot.com/

jueves, 8 de abril de 2010

¿Hay algo más romántico que la voz de Katie Sketch?






Yo creo que su voz sólo puede compararse a sus letras... soy una romántica, qué se le va hacer y me ha entrado un ataque repentino y encontrado de amor hacia Katie, de la cual me "enamoré" hace poco más de un año, cuando la vi por primera vez en un capitulo de L, cantando, toda vestida de blanco, con su voz y sus gestos dramáticos y bohemios. Me encanta.

viernes, 2 de abril de 2010

Dormida entre los espejos...

he soñado que le hacía el amor a tu alma.




Jordi Sierra i Fabra.