lunes, 29 de noviembre de 2010

Un sentimiento indescriptible.

Siempre ha tendido a actuar de una forma extraña cuando se enamoraba. Lo más sorprendente es que esa peculiaridad pasaba desapercibida, impune, ante sus amantes. Sus parejas no se daban cuenta hasta que era demasiado tarde y se hallaban con un boquete del tamaño de un puño entre sus pechos. Demasiado tarde, se decían cuando estaban al borde de la muerte y sin embargo, la amaban hasta su último aliento. Porque sí, porque eso era verdadero amor.
Mientras ella dormía, después de haberla sometido, esclavizado en la cárcel de su cuerpo, mostrándole sus más arduos deseos, pensaba si podría soportar una vida sin ella. Y si ella viviría más de dos minutos seguidos sin esa masa carnosa que bombeaba por las dos. La miraba respirar, le gustaba hacerlo. Tranquila, por una vez, pasiva, dejándose sumergir en una cálida duermevela entre sábanas calientes y jadeos acompasados.
Pecaba de romántica. Recitándole poemas al oído mientras le hacía el amor o el desamor. Se imaginaba a ella misma, sosteniendo entre sus manos su corazón, estrechándolo contra su pequeño cuerpo, ahogándose en las lágrimas de amor.
Le susurraba frases bonitas o le cantaba canciones en voz muy bajita, que a ella en sueños la hacían estremecer.
La despertaba de esa manera tan suya, soplando despacito con los labios muy juntos, predispuestos a un cálido beso, empañando su piel con su aliento hasta llegar a su boca, que se torcía en una sonrisa de niña tímida. Esa sonrisa le hacía perder la cabeza. Y las mejillas se le encendían y la piel se le llenaba de pequeñas motitas rojas, del calor que desprendía su corazón todavía latente, todavía vivo. Por las dos. Porque el suyo estaba casi muerto, muy enfermo, muy delicado.
Observaba su cuello, adornado con labios amoratados impregnados de tequieros, que, en su día provocaron placer y que hoy, sólo son los restos de un cosquilleo latente y prodigioso que la recorre cada noche cuando duerme junto a ella.
La abrazaba y con la sonrisa todavía en sus labios, le imprimía un beso en la boca y hacía una copia perfecta de su sonrisa en su rostro.
Se miraban los cuerpos. Dos gotas de agua casi perfectas. Tan idénticas, tan diferentes. A una le gustaba que le acariciasen la piel de los brazos y hombros, a la otra, que recorriese sus muslos y su abdomen con las puntas de los dedos. A una le gustaba que la atasen a la cama, a la otra, que la mordiesen hasta hacerla sangrar.
A ambas les gustaba el silencio acompañado por gemidos y las ganas de quererse actuando de coro y el orgasmo como protagonista principal. Una forma de amarse más. Un teatro, una ópera, un concierto, un libro, una película, una canción. Nada podía describir lo que sentían las dos.

martes, 9 de noviembre de 2010

No es una asesina, solo un poquito rara.

Cuando la mira le gusta quedarse en silencio y relatar en su cabeza un sin fin de historias que desearía llevar a cabo pero por miedo a la realidad y a la crudeza del sexo no se atreve ni a nombrárselas.
Su mente se disparata, se retuerce en sueños sórdidos. La acaricia con las manos frías pero sin rudeza, casi con compasión. Todavía no se atreve a arrancarle el corazón, porque de algún modo ya es suyo y no le hace falta extirpárselo del pecho y guardarlo en sus tarritos de formol. Están vacíos. Sabe que no es una asesina. Sabe que lo que piensa está mal. Pero es una de sus rarezas, que no puede evitar.
Se la imagina con un gran agujero entre los pechos y le entran ganas de llorar. Por las noches le gusta oírla respirar y sin su corazón no podría entretenerse con esa respiración entrecortada que tan loca le vuelve. No podría oírla gritar ni sentir como su piel se llena de bultitos al contacto del frío de sus manos o cómo se pone colorada cada vez que se muerde los labios al verla desnuda.
Para evitar los malos pensamientos, dejaba volar la realidad y disfrutaba practicándole sexo oral.

viernes, 22 de octubre de 2010

Cuando una es tonta, lo es para toda la vida.

Me cuesta mucho mantenerte viva dentro de ese gran pedazo de masa latente que tengo por corazón. A veces pienso que en su lugar tengo una piedra que ni siente ni padeze, otras, que es un corazón demasiado real, literal. Que sufre y siente demasiado.
¿Merece la pena mantener el recuerdo?
Me niego a dejar que abandones mi mente. Dejo que gobiernes mis sentidos, porque mereces la pena, creéme, mereces la pena. Porque no quiero que te vayas, aunque ya te hayas ido. Dejaste un eterno hueco de tristeza dentro de mí. Un ruido ensordecedor que estremece mis sueños y congela mis sentidos.
Me robaste y reemplazaste mi corazón con tu aliento.

domingo, 10 de octubre de 2010

Un toque de mórbida locura.

Se la comía con los ojos, saboreando su imagen, dudando por vez primera de sus posibilidades.
La imaginaba desnuda, atada a la cama contemplando su húmeda mirada, degustando el sudor de su piel. La habitación oliendo a orgasmos y escuchando el eco de sus besos, la claridad de sus sueños.
La invitó a una copa, armándose de valor, se fijó en su lengua acariciando su boca y en como sus labios lamían el contenido del vaso. Deseó mordérselos, hacerla sangrar. Quería oírla gritar.
Quería verla amanecer en su cama y recorrerla con las manos, sentir su cuerpo estremecer bajo las yemas de sus dedos. Besar sus tobillos, cogerla de las manos mientras se retorcía de placer.
Acariciaría sus párpados, arañaría su piel. Sería su puta esclava hasta el amanecer.
Gastaría su vida con ella en esa cama, regalaría sus fuerzas, su esencia vital, a esos labios que la volvían loca.
Se enamoraría de ella esa noche para más tarde recordarla en las noches de insomnio en las que se pondría tan cachonda que no podría soportarlo. Se haría el amor durante toda la noche, hasta la extenuación. Hasta sentir como su cuerpo se entumecía y dormía. Plácido.
Pensándola, amándola. Sintiendo su cuerpo dentro, como un fantasma que atravesaba su piel, sus huesos y sus entrañas y se quedaba acurrucado, cerca de su corazón en una eterna duermevela.
Morirían de placer al unísono, se arrancarían la piel a mordiscos, gritarían hasta que la voz les fallase. Afonía mental.
Un hilo conductor de terminaciones nerviosas las uniría pasa siempre. Le robaría el corazón para guardarlo en un tarro, sumergido en formol. Para verlo mientras gritaba su nombre.
Ella se terminó la copa y le dio un beso que la dejó sin sentido. Se fue. No la volvió a ver.
Vive obsesionada con un sueño o una realidad, ya no sabe distinguir entre ficción y verdad mientras se masturba en una cama de hospital.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Sábado de madrugada, con lágrimas y risas intercaladas.

Audrey Hepburn fumaba seductoramente junto a un hombre de grandes ojos azules. La pantalla parpadeaba contra los cristales, formando pequeños caleidoscopios de color.
El aire estaba impregnado de humo. Ninguna de las dos prestaba atención al caótico argumento de la película, un sin sentido tras otro.
Comenzamos a hablar, cuando dije tu nombre, Laura me miró con esa mirada suya, esa que dice, olvídate de ella o te mataré. Sus ojos me dan miedo, son azules. Pero de todas formas, las palabras brotaban de mis labios como una fuente incesante.

- ¿Sabes? Ahora da igual, pero ella es la persona más maravillosa que conozco. Es… no sé, me complementa. Intenta aparentar dureza, pero es la persona más dulce del mundo. Es cálida y agradable. Echo de menos su voz y hablar con ella. Y no sabes lo duro que es no hablarle cada día. Adora a sus padres, los tiene… en un altar, y eso lo admiro muchísimo. Y sé que me aprecia o al menos me apreciaba. No sé nada de ella, hace más de un mes que no hablamos.- las lágrimas luchan por salir, por orgullo y una rara sensación de ridículo, nunca me permito llorar delante de alguien, pero no pude evitarlo y lloré, recordándola, queriéndola en vano.- Laura enserio. ¿Qué hago? No puedo vivir así, no tengo ningún tipo de esperanza. No quiero ver a nadie, no quiero conocer a nadie, no quiero nada. Solo quiero… es preciosa ¿Sabes? Es la chica más guapa que he visto en mi vida. Me dijo que estaría mejor con otra. ¿Sabes qué? Antes prefiero estar sola toda mi vida.
- ¿No lo has superado, eh?- pregunta Laura.
- No- sollozo, la garganta estrangulada.- La quiero, joder.
- ¿Quieres que te abrace?- se acerca a mí con los brazos abiertos.
- No, no quiero que nadie me toque.



Y luego... recordé la primera vez que me besaste.

lunes, 6 de septiembre de 2010


Persigo recuerdos de madrugada que no me dejan dormir.
Sueño contigo y, paradójicamente, me quitas el sueño.
Cuando pienso que puedo superarlo, vuelvo a pensarte sin descanso.
Cuando me veo otra vez en el hoyo, duermo para soñarte tranquila.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Tres años de felicidad intercalada.


- ¿Recuerdas el día en el que nos conocimos?.- Preguntó con una sonrisa.
- ¿Cómo olvidarlo? Gemma me pasó un link con tu historia y me la leí en un día.- asentí.
- ¿En serio?. ¿Qué habrá sido de ella?
- ¿De Gemma? ¿Qué más da? Es una zorra esquizofrénica.- sentencié con una carcajada.
- Tienes toda la razón.- rió.
- Tengo que admitir, que al leer el título, no me convenció demasiado. Pero a medida que iba leyendo, me di cuenta de que eras especial, y quise conocerte.
- Y me pediste el msn.- prosiguió.
- Y comenzamos a hablar.- seguí yo.
- ¿Recuerdas el primer día que hablamos por teléfono?
- No pude dormir en toda la noche pensando en ello.- recordé con una sonrisa.
- Yo tampoco, estaba histérica.
- Y luego…- titubeó.
- Luego me enamoré de ti.
- Y vivimos un pequeño infierno.
- No fue para tanto.- dije, restándole importancia.
- Después fui a verte a Valencia. Una semana entera a tu lado.
- La mejor semana de mi vida.- recordé con nostalgia.
- Los videos, las comidas, los paseos por la playa…
- Tú comiéndote el cristal de la galería…- reí.
- ¡Oh venga! ¿Otra vez vas a recordármelo?.- gritó conteniendo la risa.
- Hasta el día de mi muerte.
- Está bien.- se carcajeó. Me miró con complicidad.- Aunque no fui yo la que se echó el líquido de lo de los mosquitos por las piernas y acabó gritando porque escocía.
- ¡Oh, joder! Cómo dolió aquello.- asentí, dándole la razón.
- Más tarde te enamoraste de Paula.
- Sí. Y dejamos de hablarnos. Fue horrible.
- También lo fue para mí.
- Quiero decir. Tú eras, eres y serás un pilar en mi vida, cuando no te tuve y comencé a desmoronarme, había muchas grietas en tu pilar, afortunadamente volviste a tiempo. Antes de quedarme atrapada bajo los escombros del dolor.
- Fui tan feliz cuando oí tu voz, después de tanto tiempo.- dije, cogiéndole la mano.
- Yo lloré y todo. Me sentía completa otra vez.
- Después del verano viniste a verme por sorpresa.
- En tu cumpleaños. Qué locura. Menos mal que Tefy me ayudó a organizarme.
- Y después de esa visita, viniste muchas más veces.
- Cada una mejor que la anterior.
- Míranos ahora. Tres años reducidos a esto.- dijo con una sonrisa.
- Está muy resumido. Las palabras vienen bien para según que cosas, para abarcar recuerdos no mucho. Para expresar sentimientos, tal vez. Pero lo que somos tú y yo, no cabe en ningún sitio, no existe ninguna palabra que lo defina.- expliqué-
- Tendremos que inventarla nosotras.
- No es mala idea. ¿Se te ocurre alguna?
- Déjame pensar…


Como siempre decimos, no hay palabras para definirnos, porque lo que sentimos puede ser, tal vez, la suma del amor que podemos sentir por una madre, una hermana y una abuela, sumado. Yo no quiero a mi madre, y no tengo hermanas, así que imagina cuánto quiero a mi abuela, cuánto te quiero a ti. Porque en lugar de tener ese amor repartido entre varias personas, yo lo siento concentrado en ti.

Felices tres años, Blanca ♥

domingo, 29 de agosto de 2010

Someone.


Alguien en quien poder confiar, a la que poder querer y amar. Sin condiciones, sin lamentos. Sin lágrimas ni desvelos.
Los recuerdos me quitan el sueño y las vanas esperanzas me dejan sin respiración. Pero luego caigo en la cuenta, de que todo se acabó. Y me da tanto miedo olvidarte, un miedo que me oprime el pecho.
Sí es cierto que cada vez soy más insensible a este tipo de fracasos, aunque no dejo de pensar que todo es culpa mía, por como soy. No puedo cambiar, soy así. Aunque daría lo que fuese por ser de otra manera, conseguir que funcione y poder dejar de echarte tanto de menos.

martes, 17 de agosto de 2010

Ya no sufro por amor.


O tal vez sí.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Flashback de madrugada.

No sé si es verdad, si es algo que he querido olvidar, si es un recuerdo falso o real.
Era feliz, indescriptiblemente feliz. Ella reía conmigo, entrelanzando una sonrisa con otra, acariciando mis labios con su lengua.
Jugábamos a contar los lunares de su brazo y competíamos para ver quién tenía más. No recuerdo quién ganó, sólo sé que acabamos entre las sábanas y no dormimos hasta que la luz del día se filtraba por la persiana.
Su piel era tan suave, su risa tan cálida, sus besos tan humedos.
No creo que vuelva a sentirme así de enamorada, ese tipo de amor que te ciega y no te deja ver nada más. Como un foco de luz blanco al que tienes que seguir aunque te queme.
Luego recuerdo como acabó todo y como acaba siempre y me pongo a pensar... ¿Por qué desperdicio mis mejores deseos? ?Por qué me enamoro de personas que no se lo merecen?
Siento que desperdicio todo el amor que siento, que lo vuelco siempre en la persona equivocada. ¿Y cómo lo evito? Es prácticamente imposible, porque nadie elige cuándo, cómo, dónde y por qué se enamora de alguien.
Sería aburrido si no fuera así pero también sería menos doloroso si pudiésemos elegir, elegir bien, quiero decir.
Esto lo escribo pensando en muchas personas, en gente que me ha hecho daño, gente que piensa como yo, que ha sufrido o sufre por amor.
La moraleja es... que no hay moraleja.

domingo, 8 de agosto de 2010

¿De qué sirve?

¿De qué sirve vivir la vida, si no tienes con quién vivirla?
¿De qué sirve estar rodeada de gente, si aun así me siento sola?
¿De qué sirve enamorarse, si hace que me sienta vacía?
¿De qué sirve torturarse, si nunca voy a ninguna parte?
¿De qué sirve reír, si nadie capta mi risa?
¿De qué sirve beber, si no puedo olvidarte?
¿De qué sirve dormir, si mis sueños no se cumplen?
¿De qué sirve querer, si no me dejas que te quiera?
¿De qué sirve desear, si no puedo tenerte?
¿De qué sirve llorar, si eso no arregla nada?

martes, 3 de agosto de 2010

¿Alguien me ha visto? Porque no me encuentro.

¿Qué ha sido de mí? ¿Dónde esta mi fortaleza, mi vitalidad, mi seguridad? ¿A dónde han ido?
¿Dónde han ido a parar mis sonrisas y mis risas?
Yo no soy así, lo que conseguí avanzar durante tres años de esfuerzos se ha casi esfumado.
No estoy segura de mi misma.
Me odio, no puedo ni verme.
Lloro con mi reflejo y araño mi piel intentando arrancarme el dolor de las entrañas.
Ni siquiera queda la sombra de lo que era. Soy una vulgar imitación de mi misma. Con lo mucho que me costó encontrarme, para ahora perderme otra vez.
¿Por qué no se van mis ganas de llorar? ¿Por qué no me puedo desahogar?
¿Por qué no puedo dejar de echarte de menos, Felicidad?

No soy así. Sé que no soy así, porque me he conocido, me conocí de verdad y poca gente me ha conocido. No es fácil conocerme. Soy difícil de querer, puede que aquí tenga soltura para hablar y sentir, pero es muy diferente en la realidad de mi vida. Soy incapaz de hablar de mis sentimientos, de expresar como me siento, porque me da miedo mostrarme vulnerable, me da miedo llorar delante de la gente. Me pasa mucho cuando hablo de algo que no quiero hablar en público. El llanto se apodera de mí y me duele terriblemente los músculos de la garganta, me duele la mandíbula y me queman los ojos. Las lágrimas luchando por salir de entre mis parpados. Pero algo dentro de mí, mi orgullo, mi odio hacia las razones por las que estoy aquí… y ¿Qué razones son esas?
Ser feliz, quiero ser feliz y tengo miedo de serlo, porque sé que la felicidad es efímera.

Destruimos siempre aquello que más amamos
en campo abierto, o en una emboscada;
algunos con la ligereza del cariño
otros con la dureza de la palabra;
los cobardes destruyen con un beso,
los valientes destruyen con la espada.



Óscar Wilde, Balada de la cárcel de Reading.

jueves, 22 de julio de 2010

¿¿En qué estabas pensando, Cupido??

El destino les unió, creando una fatalidad tras otra. Él un tirano cruel, ella una princesa en apuros que se aferró al tirano creyéndole un príncipe alado. Y era normal su confusión, pues el tirano tenía una apariencia tan angelical que nadie sospechaba que bajo esa apuesta máscara se encontraba el alma de un torturador y maltratador en potencia.
Él la colmó de palabras y actos en teoría desinteresados, actos que más tarde le serían recriminados a la princesa.
Ella, antes hermosa, se había convertido en la sombra de lo que solía ser. La angustia y el miedo a enfadar al tirano le habían hecho dejar de comer, dejar de vivir.
Él la manipuló hasta límites extremos, tanto que le hacía sentir que todo lo malo que pasaba entre ellos, era culpa de ella, cuando la culpa absoluta caía en los actos vandálicos del tirano.
Ella desperdiciaba su vida, sus oportunidades de encontrar a su verdadero príncipe, aquel que la hiciese llorar de alegría y no de amargura. Aquel que la tratase como lo que era, una princesa, aquel que la hiciese gozar de cada placer que nos da esta vida.
Él siempre fue un niño mimado, educado para ser un rastrero y sucio espécimen, proyecto de mini hombre. Adiestrado para hacer daño y provocar nauseas y dolor a todo aquel que tocaba. Siempre andaba metido en líos de drogas, siempre mentía y nunca había querido a nadie. Se regia por el código de elegir a víctimas sensibles y tristes, que necesitaban ser salvadas.



Vale, se acabó la historia y la prosa. Lo que tengo que decir lo voy a decir alto, claro y entendible para una mente pequeña y corta como la tuya.

Eres un imbécil arrogante que no se merece la suerte que tiene, no entiendo qué se le pasó por la cabeza a Cupido para hacer que ella se enamorase de una persona (si es que se te puede calificar de persona) como tú.
Nunca has sufrido porque has vivido entre algodones, no sabes lo que es la amistad porque nunca has tenido amigos de verdad y por supuesto, no sabes lo que es el amor porque nadie te ha enseñado a amar.
Si al menos fueses buena persona… pero nada más lejos de la realidad. Eres la persona más cruel que he conocido jamás y ojala ella abra los ojos pronto, antes de que acabes de consumir su vida y lo que queda, lo poco que queda de ella.
Ah sí, y te veré en el infierno y me encargaré de hacerte sufrir, pedazo de montón de mierda.

miércoles, 21 de julio de 2010

Locura

El primer síntoma fue cuando ella me contó que una chica estaba coqueteando con ella. Sentí una impotencia y una rabia al notar como se alejaba de mí que no supe controlarlo. Después se besaron y ya no había vuelta atrás. Dejé de comer, dejé de dormir y me pasaba los días llorando desconsolada, aforrándome a una historia irreal que me daba la vida y me la quitaba a la vez. Dicen que el amor te vuelve loca, te descoloca. Y es cierto, si no sabes dosificarlo.
Comencé a obsesionarme con la idea falsa de que si adelgazaba sería hermosa y bonita para ella y podría vencer la tentación que tenía de jugar a dos bandas. Fue inútil, pero aún asi dejé de comer, me convertí en una persona borde, llorona y muy susceptible. Mis amigos, en lugar de ayudarme me despreciaban y me sentía realmente sola. Aun así seguía enamorada de ella y le perdonaba todas sus puñaladas. Hasta que un dí abrí los ojos, vi que así no podía seguir que me estaba matando esa situación, que si realmente me quisiera, ella no me haría tantísimo daño.
Fue un viernes, cuando la llamé llorando a lágrima viva. Con un nudo en la garganta que no me dejaba respirar, suplicándole que no lo volviese a hacer que yo la amaba y me estaba matando. Ella me prometió que no lo volvería hacer, que no soportaba la idea de hacerme sufrir. Pero esa tarde lo hizo de nuevo y yo no lo soporté más.
Era el día de San Valentín cuando ella decidió dejarme para no hacerme más daño y poder ser libre.
Yo no supe soportarlo, toda mi felicidad, toda mi vida, se concentraba en ella y se había esfumado.

Con el tiempo he aprendido a no apoyarme en una sola cosa para ser feliz, porque si te falla no tienes con qué sostenerte cuando te quedas sin fuerzas para vivir.
Aun así recuerdo todas las lágrimas, todos los gritos. Todas las discusiones con mis padres, que no toleraban esa situación en la que yo sufría y ella no.
Todo el odio que sentía se ha esfumado ya. Y esa etapa de mi vida me ha hecho madurar y darme cuenta de cosas que había pasado por alto. La amistad, por ejemplo. Apreciar las pequeñas cosas que da la vida para poder sobrevivirla.
Aunque en su momento fue horrible, doy gracias por todo aquello.

lunes, 19 de julio de 2010

Cosas de vida y de muerte.

Nunca os he contado que yo no estaba destinada a vivir. Cuando nací, nací prematuramente y con muchas complicaciones respiratorias. Estuve a punto de morir, pero afortunadamente o por desgracia sobreviví aquella tarde. Tuve que estar interna casi dos meses en una incubadora de lo que pequeña y frágil que era, apenas llegué a pesar un kilo de bebé. Más tarde con unos meses estuve muy enferma, volví a estar cerca de la muerte, esta vez por desnutrición. Vomitaba todo lo que comía. Mi madre me contó que estaba azul y que no respiraba apenas cuando llegué al hospital de urgencia. Volví a vivir.
Quizás esas complicaciones se quedaron grabadas en mi subconsciente y por eso siempre tiendo a dejar de vivir más que a intentar sobrevivir.
Tal vez por eso siempre me ha maravillado la idea de dejar de existir en algún momento de mi vida. En esos en los que la vida se me hace tan complicada que no puedo con ella. De todas formas, estos episodios creo que me han hecho más fuerte.
Aún así, recuerdo con toda claridad cuando tenía 12 años y decidí que no quería vivir más y me propuse una fecha límite para intentar sobrellevar la vida como todo el mundo. A los 15 años era esa fecha límite. Estaba pasando por una muy mala racha en mi vida, me sentía sola y desesperada. Hice una tontería, y mis padres, lejos de preocuparse, lo dejaron pasar. Tal vez si en ese momento hubiese recibido la ayuda que realmente necesitaba ahora estaría hecha de otra pasta, pero no tuve esa opción y tuve que sobrevivir a la fuerza bruta de desengaños de la vida sin ayuda de nadie. Fue entonces cuando encontré refugio en los libros, la música y la escritura, que han sido una muy buena terapia.
Con el tiempo, me asustaba tanto la idea de vivir que no vivía. No sentía y no creaba recuerdos que me hiciesen seguir adelante. Probablemente esa etapa de mi vida es la consecuente de que yo no tenga casi amigos, sea un como hermitaña y tenga una personalidad extremadamente rara. Quién sabe, tal vez he vivido demasiado de cuentos y no entiendo qué es la realidad de la vida.
En todo caso, estos últimos tres años he vivido más que en toda mi vida. He conocido el amor y el desamor. He probado el sexo, las drogas. He experimentado la amistad más fuerte y el dolor más doloroso. Y eso me ha hecho despertar de mi trance y lanzarme al abismo que es la vida.
No me arrepiento de nada de estos tres años, sin embargo, me arrepiento muchísimo de haber tirado por la borda mi infancia y mi adolescencia y haberme convertido en adulta siendo tan solo una niña con cuerpo de mujer.

lunes, 12 de julio de 2010

Aunque parezca mentira, no lo he escrito pensando en ti, aunque ahora lo este haciendo.


Tumbada en la cama leía un libro en el que las palabras se le juntaban unas con otras y no se enteraba de nada. La esperaba, tenía una sorpresa y no podía esperar más para dársela. Ella estaba en el baño, poniendo en práctica el ritual de cada medianoche. Se lavaba la cara y se desnudaba, después se entretenía observando su rostro frente al espejo y acariciaba la piel de su cuerpo con las manos untadas de crema. Olía a miel y a almendras y tenía la piel más suave que había tocado jamás. Se obsesionaba tocándola y haciéndola estremecer. Se corría solo con oler su piel. Ella apareció en ropa interior, iluminada por la tenue luz de la lámpara que descansaba en la mesilla de noche. Se tumbó riendo en la cama y se acercó a mí. Me besó en los labios y me impregnó el sabor a dentífrico, acaricié su espalda sintiendo el placer recorrerme desde la punta de los dedos hasta el punto más caliente de mi cuerpo. Saqué las esposas y ella se dejó atar a la cama, sumisa y tierna.
Tumbada en la cama se dejó hacer. Sin dejar de gemir y retorcerse, dándome lo que a mí más me gustaba. Mojando la cama de saliva y sexo, llenando la habitación con sus orgasmos y mis fantasías. Le mordí los labios hasta llenar mi boca con su sangre y me fundí en ella, en su cuerpo hasta consumirme en mi propio agotamiento. Le hice el amor sin remordimientos, con juego sucio y palabras guarras. Le dije que la quería mirándole a los ojos. Le hice cosas innombrables, le pedí perdón por todas aquellas veces que la hice llorar con mi silencio y mi ausencia. La besé como nunca había besado a nadie, y esa noche la amé sin contemplaciones.
Tumbada en la cama duermo abrazada a su cuerpo, todavía caliente, todavía mío. Desnuda, complaciente. Cansada y satisfecha. Me acaricia el pelo con sus manos de niña y respira despacio para no despertarme. Pero no puedo dormir con ella desnuda a mi lado, no puedo pensar en otra cosa que no sea su cuerpo dentro del mío.

domingo, 27 de junio de 2010

Orgullo 2010

En españa se traduce mal desde siempre. Gay Pride, principalmente no significa "Orgullo Gay". ¿Por qué he de sentirme orgullosa de mi orientación sexual? ¿No debería sentirme orgullosa de otras cosas, como por ejemplo de mi familia que me apoya aun siendo diferente?. El caso es que Gay Pride signfica literalmente DIGNIDAD GAY. Y Ahí el contexto sí tiene sentido, en el día del Gay Pride se pide dignidad y aceptación, cosa paradójica cuando ese día se pierde toda la dignidad que tiene una persona disfrazándose y reivindicando algo que no necesita ser más reivindicado.
No me malinterpretéis, a mi me da igual que haya hombres travestidos o mujeres ultra masculinas, cada uno es como es y es libre de vestirse y ser como le dé la gana, pero luego que no se quejen cuando la gente generaliza y la sociedad gay está plagada de clichés absurdos como que las lesbianas son todas mujeres que quieren ser hombres y los homosexuales son todos unos "maricones". Es lógico que lo piensen cuando ven semejante "Orgullo".
Este año, contra todas mis creencias, decidí ir a ver si cambiaba de opinión o seguía con la misma. Sigo con la misma opinión, pero me alegró ver que había gente con pancartas reivindicativas hacia las matanzas de antes y de ahora hacia los homosexuales y lesbianas de todo el mundo. El discurso me emocionó muchísimo y la verdad es que me divertí mucho.
Pero, por culpa de los clichés, malditos clichés no había una sola persona que no me preguntase si era lesbiana o heterosexual. ¿Qué pasa? ¿Que si no llevo camisetas de leñador y pelo corto no soy lesbiana o qué?
Son cosas con las que tengo que vivir cada día porque la gente tiene una idea errónea de las personas, creen conocernos y generalizan demasiado. Es el cáncer de esta sociedad, uno de tantos.
Yo propongo cambiar el nombre, osea, traducirlo bien y darle una nueva visión. Una no tan "orgullosa" por otra más "digna".
Sí queremos respeto, aceptación, que no tolerancia, la tolerancia nunca me ha gustado, porque significa que soy algo anormal y no lo soy, soy una persona con sentimientos como todas las demás y si yo acepto a los demás, quiero que los demás me acepten a mi.
Por la aceptación y la dignidad gay.

domingo, 20 de junio de 2010

Sin condiciones.



Justin: Para.
Brian: ¿Qué? ¿Tienes algo mejor que hacer?
Justin: Los deberes.
Brian: Veo que tenemos un problema. ¿No me dirás que sigues enfadado por el tío del otro día? Ni tan siquiera le recuerdo. No pasó nada.
Justin: Lo sé. Estabas siendo tú. Y sé bien quien eres. No espero que cambies ni siquiera lo quiero.
Brian: ¿Entonces?
Justin: ¿Por qué estoy aquí?
Brian: Una noche tus papas quisieron hacer un niño y…
Justin: Hablo en serio. ¿Te sientes culpable de lo que paso? Contesta, contesta. ¿Si no me hubieran golpeado estaría aquí?

*

Justin: ¿Qué quieres?
Brian: Es verdad. Te acepté en mi casa porque te golpearon. Pero no quiero que te quedes por eso. Aunque… no pienses que somos un matrimonio porque no lo somos. No somos como los putos heteros, no somos como tus padres y no somos un par de bolleras caminando hacia el altar con trajes de Vera Wang. Somos maricones y si estamos juntos es porque queremos que así sea. Así que, si llego tarde supón que estoy haciendo lo que quiero hacer; follándo. Y, cuando llegue a casa también haré exactamente lo que quiera; estar contigo.
Justin: Vale. Yo también quiero cosas. Puedes follarte a quién quieras, siempre que no sea dos veces. Lo mismo para mí. Y nada de intercambiar nombres o teléfonos. Y no importa dónde estés ni lo que hagas, volverás a casa. A las dos.
Brian: A las cuatro.
Justin: A las tres. Una cosa más. No besarás a nadie en la boca. Sólo a mí.

.Queer As Folk



No quiero que cambies, no quiero que te vayas. Te quiero por como eres, con todas las consecuencias. Eres cómo eres antes de conocerme y si tienes que cambiar algún día, que no sea por mí, que sea por ti misma. No quiero que te agobies ni que te sientas enjaulada. No quiero que huyas de mí porque tengas una idea equivocada, sé lo que quiero y te quiero a ti, sin condiciones. Sin lamentos. Sin pena. Porque sí, porque soy caprichosa y lo quiero así, aquí y ahora. No sé qué pensaré mañana, pero hoy te quiero sin recelos.
Nunca pensé que me volvería a sentir así, pero no quiero mortificarme ahora, no estoy preparada. No lo quiero.
Un amor sin condiciones o las que queramos poner, pero sin prisas, con pausas, sin dar marcha atrás. Sin contemplaciones y sin comeduras de cabeza.
Eres una persona sorprendente, me atraes de una manera de la que nadie me ha atraído jamás. Será porque eres inalcanzable, imposible de enamorar. Inflexible y casi impenetrable.
Me gusta estar contigo, escucharte hablar y mirarte. Y me gustas porque me haces reír y porque eres como una burbuja antiestrés, porque no tengo que contarte mis penas y mis lamentos, contigo es diferente. Mejor. Es una forma de dejar de pensar en lo malo y vivir el presente con cerveza y sin luz.
Me río al recordar el día en que me besaste por primera vez. Fue absurdo y me sentí ridícula, pero me gustó, porque fue especial. Fue mono. Adorable. No fue ridículamente romántico, ahora esas cosas me dan asco. Nauseas, huyo de ello.
No me apetece derrochar el romanticismo, no hacen falta palabras, ni gestos. El romanticismo es el sentimiento y puede que sea una cursi, pero nunca te he dicho te quiero mirándote a los ojos y probablemente no lo haga nunca, porque no me gusta, por que no me sale. Porque querer no son palabras, si no actos. Y este no es un acto de amor, si no, que te escribo mis pensamientos y deseos. Y te deseo a ti, con todo mi cuerpo.
No voy a decir cursilerías, aunque puede que esto te parezca una cursilería. No voy a pedirte nada ni esperar nada de ti. Solo lo que tú quieras ofrecerme. Sin agobios, solo sinceridad y calma. Te quiero, sin promesas, sin te quieros.
No quiero velas, ni rosas. Solo verte y escuchar tu risa. Que tu acento me envuelva y me lleve a otra parte del planeta.
Soy adicta a ti. Porque eres difícil de conseguir. Me duele pensar que tengas miedo o que no quieras saber nada de mí, por alguna razón oculta que no sé. No sé si todavía te gusto, si me quieres o no, si me deseas. No lo sé, nunca hablamos de estas cosas.
Eres cabezota, pero también eres diferente a las otras personas que conozco. Me respetas a mi y a ti misma más que nadie. No me haces daño, si no al contrario, intentas hacerlo lo mejor que puedes. Y solo con intentarlo ya me haces feliz.



Y perdona por esto...

viernes, 11 de junio de 2010

Chiquitita.


Viernes. Soñé uno de esos reales, esos que al despertar sientes que han ocurrido de verdad. Me desperté con los lametones de mi cachorrita, Chica, pensando que era mi perra adulta (lo que más quiero en este mundo) Buffy. En el sueño, ella venía a mi cama y dormía conmigo, sólo eso.
Sábado. Abandoné mi casa con prisas y una extraña angustia que me atenazaba, no sé cómo explicarlo, pero sabía que algo malo iba a ocurrir. Pasé la noche entera sin dormir, desvelada entre pensamientos y sensaciones.
Domingo. Estaba triste, porque iba a separarme de una de las personas que más quiero, mi amigo Carlos, que se va a vivir a Londres. Camino de casa llamó mi madre, con voz serena, y me dice que tiene que darme una mala noticia. Miedo. Pensé en mis abuelos, pensé en Chica, pero mi madre no lloraba cuando me dijo que tenía que hablar conmigo. Pensé en mi padre. Estaba muy preocupada. Llego a casa. Lágrimas, silencio. “¿Dónde está Buffy?” Pregunto, temiéndome lo peor. Mi madre llora, mi tía llora. Mi padre no se levanta de la cama. “Se ha escapado” solloza mi madre. La odio. Con toda mi alma. Dolor. Me muero. Cojo las llaves y salgo corriendo a buscarla. Lloro, lloro muchísimo, sin poder contener el dolor que llevo dentro. Grito. Me miran y yo lloro, lloro y me retuerzo. No puedo seguir viviendo. Me duele el corazón, me duele la vida, me duele su ausencia. No está. No hay rastro. Mi abuela llora, me abraza. Grito. Odio a mi madre. Me odio a mí, me echo la culpa. “¿Porqué salí anoche?”. Rabia.
Lunes. Desesperación. El sueño pesándome en los párpados. Estómago cerrado. Lágrimas incontrolables. Locura. Carteles con su foto, cansancio acumulado. Melancolía. La echo de menos, tanto que me duele todo el cuerpo. Sueño. Cama vacía. Ella no está. Diazepan 5 miligramos. Me despierta mi madre, trae consigo un cachorro, la deja en mi cama para que la vea. La odio, la detesto, no quiero verla. La aparto. “Llévatela de aquí, no quiero otra perra nueva, quiero a mi perra”. Lágrimas.
Martes. Suplico el día libre en el trabajo. Seis de la mañana, paseo buscándola sin éxito. Depresión. Dormito en el sofá mientras la nueva cachorra mordisquea distraídamente la manga de mi sudadera. Dolor. No soporto no verla, la echo de menos. Echo de menos llegar a casa y verla. Dormir con ella y olerla. Buffy huele a sol y a mar, huele a verano. Añoraba ese olor.
Miércoles. Llego. Derrotada. Una llamada. Lágrimas y risa. Abrazos y más lágrimas. La han encontrado. Está viva y está sana. Lady Gaga, 73’50 €. Noche. La veo, ha cambiado, la han convertido en algo que no es, pero sé que es ella. Me ve y viene corriendo a mí. Saluda a mi madre y a mi padre, se vuelve loca ladrando y lamiendo caras. Incredulidad, fascinación, agradecimiento.


Esta sin duda ha sido la semana más angustiosa de mi vida y a la vez que la más feliz. Llevaba una temporada muy deprimida, muy tristona, y este hecho, me ha devuelto la vida. Soy feliz, tan feliz que podría morir. He recuperado a mi medicina, a mi “Buffycoat”, que me ha ayudado tanto en los peores momentos de mi vida, arrancándome una sonrisa y haciéndome compañía las noches más frías. Tengo una perrita preciosa que huele a sol y a mar, huele a verano, huele a esperanza.

viernes, 21 de mayo de 2010

Algo antiguo. (Y olvidado)

Els teus llavis provoquen descargues eléctriques al meu cos.
Hem tens nua, al teu llit; esperan-te, desijan-te
rabiosa i dolorosament, amb el cor desvocat i la pell desijant els teus bessos.
No puc trovar un altre pensament al meu cap,
necessite tenir-te ara i sempre al meu costat .

lunes, 17 de mayo de 2010

Algo triste.

Sus palabras taladraban mis oídos, sólo quería dejarme caer en el suelo y abrazarme a mí misma, llamar a alguien a gritos, porque necesitaba un médico. Mi corazón estaba roto y me dolía muchísimo. Fue su discurso, el que me hizo enfermar, enferma de rabia y de miedo, mi mente se volvió una locura y mis pesadillas se hicieron realidad. Ahora, con sus ojos clavados en mi rostro, comprendía que todo por lo que yo había luchado se estaba desvaneciendo en el aire, y que, probablemente nunca me amó. No lloré, ni siquiera un poquito, no quería darle el gustazo. Me mantuve muy quieta, muda. Intenté no escucharla y no dejé que me tocase, porque una caricia suya podría ser el motivo por el que mis ojos dejaran de poner resistencia, y acabaríamos por ahogarnos en mis lágrimas. Sólo quería que se marchase.

- Ania, necesito que te vayas.
- No voy a irme a ninguna parte hasta que me digas que estas bien.- sentenció con voz firme, la misma que había utilizado para decirme que nuestra relación se acababa.
- ¿Cómo voy a estar bien?.- pregunté al borde de las lágrimas.- ¿Cómo pretendes que… después de todo este tiempo… de todos estos… años que he vivido para ti…?.- no pude terminar, me quedé sin voz, sin fuerzas, sin vida.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Mente enferma, locuras de amor I.

Me sentía horrible. Destrozada. Emocionalmente atada a la idealización del amor que tenía en mi cabeza. Cada noche acudía a la cabaña con la vana esperanza de que Ania apareciese en cualquier momento y así obtener de ella nada más que el sexo tóxico que me tenía enganchada como un drogadicto a su heroína. Ella era mi marca de heroína y sabía que me hacía daño, sin embargo me veía incapaz de dejarla. Ania venía alguna noche, con el alma derruida, una vez más violada por un hombre al que ella intentaba amar y sentirse amada. Una vez más utilizada, engatusada por mentiras disfrazas de promesas. Cada vez que yo la besaba, cada caricia, era una promesa mía que descartaba una vez finalizado el acto y, después de usarme para su consuelo, me dejaba vacía intentando en vano llenar el hueco de mis entrañas con otro amargo encuentro.
Llenaba mis pensamientos y mis días, y no había una sola cosa en el mundo que no me recordara la suavidad de su piel o el brillo de su melena rubia. Si miraba el mar, evocaba el recuerdo de sus eternos ojos azules, que te congelaban la mente y los sentidos con la escarcha que emanaba de su luz.

martes, 11 de mayo de 2010

Un relato sucio, muy sucio.

No podía conciliar el sueño, llevaba horas mirando el techo, en la penumbra de mi habitación, escuchando la acompasada respiración de Ania, que de pronto, se había vuelto frenética. Alarmada, intenté despertarla, pero estaba soñando y sonreía en sueños. Observé como sonreía y se acariciaba el pecho, mordiéndose los labios y emitiendo algún que otro gemido. Estaba completamente perpleja e hipnotizada ante aquella escena. Vi como poco a poco, su mano bajaba hacia su abdomen y se detenía ahí, sin querer ir más lejos. Como si una barrera invisible le impidiese ir más lejos. Fruncía el ceño, frustrada. Parecía enfrascada en sus pensamientos nocturnos, y yo, a su lado no podía dejar de mirarla. Quería tocarla, pero me daba miedo su reacción. No se si en sueños o medio despierta, susurró mi nombre en un rezo. El corazón me dio un vuelco. ¿Estaba soñando conmigo? Puse mi mano temblorosa sobre la suya, que yacía sobre su ombligo. Se despertó, sin sobresaltarse y me miró. Había muy poca luz, la que apenas se filtraba por la ventana, la luz de la luna y de las farolas encendidas de la calle. Sus ojos me miraban trastornados. Cogió mi mano y se atrevió a hacer lo que no había hecho durante su sueño. La sentí caliente a través de la ropa. Cerró los ojos. Yo, todavía perpleja no sabía muy bien qué hacer. Qué quería que hiciese con mi mano ahí. La acaricié instintivamente, sintiendo como la humedad de su sexo de adhería a la ropa. Temblaba. Abrumada por el instinto sexual, me deshice de su ropa y jugueteé con el elástico de su ropa interior. Ella se acercaba cada vez más a mí, tal vez intentando decirme sin palabras lo que quería que hiciese, pero yo todavía no me decidía a dar el paso. Con una voz que nunca le había escuchado, susurró un “por favor” casi como una suplica, mientras dirigía mis manos hacia donde ella quería. Estaba húmeda y al contacto con mi piel, se estremeció. La acaricié, sin saber si aquello estaba mal o bien, solo sentía que deseaba hacer aquello y que deseaba hacerlo con ella y que, una pequeña tortura se estaba apoderando de mi cuerpo también. Sin pedirle nada, Ania comenzó a tocarme como yo la estaba tocando a ella. Sentí todo lo que sentía cada vez que me abandonaba al placer de mis caricias pensando en Ania, solo que esta vez, era ella misma la que me estaba proporcionando placer, y eso lo hacía más intenso. No sé cuánto tiempo pasó desde que comenzamos hasta que acabamos. Estaba borracha de recuerdos y de sentimientos encontrados y no tardé en sucumbir a la paz y soñolencia después de conseguir algo que llevaba tanto tiempo esperando sin saberlo ni reconocerlo.

Para ti, Frank :)

Mecanismos de defensa. (Algo personal.)

Últimamente estoy utilizando un mecanismo de defensa, muy socorrido en mi vida. Cada vez que algo me sale mal, suelo dejar mi mente imaginar lo que realmente le gustaría que pasase. A primera vista, parece una práctica inofensiva, pero si no tienes cuidado puede acarrear grandes problemas mentales. Sin ir más lejos, por culpa de mis delirios, pasé gran parte de mi pre-adolescencia, enamorada, o lo que yo pensaba que era amor, de un chico, vecino mío, al que no veía nunca y al que, en mi cabeza, le había creado una personalidad y unos rasgos que no eran los suyos de verdad. Así pues, me negaba a salir y a hacer vida social, por el simple hecho de que, estaba “enamorada”. Y era tan fuerte la sensación que, cuando he tenido la oportunidad de conocer y amar a una persona real, la desbancaba porque ya había encontrado a mi “hombre perfecto”. (véase que, tenía trece años y, inducida por la sociedad, y la presión de mis amigas, era hetero).
Ahora, hoy por hoy, lo tengo controlado y solo uso ese mecanismo de defensa, (al que llamo “teatro privado” en memoria de Ana O.) para olvidarme de alguien a quien he querido o amado. Como es el caso. Intento olvidarme de alguien, de dejar de desearla, y de necesitar escuchar su voz y pienso en otra persona, una persona real, pero que no conozco de nada, e imagino como sería la vida que deseo junto a esa persona, y no con la que querría vivir mi vida en realidad.

jueves, 6 de mayo de 2010

Un pedazo de mí.

"La noche siguiente cuando fui a tirar la basura, encontré a Ania llorando en las escaleras de su casa, con la cara entre las piernas, tapándose los oídos con ambas manos. Cuando me acerqué, supe de inmediato porque estaba de esa guisa. Sus padres estaban peleándose a voz en grito. La voz del señor Austen era colérica, y las palabras de la señora Austen se arrastraban por el suelo, junto con su dignidad.

- ¡Ey!.- saludé, cauta, pero simpática.
- Ey…- respondió Ania, con la voz rota de dolor. No levantó la vista hasta unos minutos más tarde cuando me dijo.- ¿Puedes sacarme de aquí? ¿Por favor?

Tendí mi mano para levantarla y caminamos hacia mi lugar favorito del mundo. A mi madre no le gustaba que caminase sola por el lago al anochecer, pero supuse que no se enfadaría si le contaba el motivo de la urgencia de sacar a Ania de ese infierno de casa.
No mediamos ni una palabra durante el trayecto, pero cuando llegamos, Ania lo observaba todo con los ojos como platos, perdidos en los millones de estrellas que titilaban en el cielo, estaba asombrada.

- Este.- dije, abriendo los brazos para intentar abarcar la belleza del lugar.- es mi lugar favorito.
- Es… precioso.- susurró, todavía embelesada.
- Normalmente vengo sola, pero, no me importa compartir mis secretos.
- Tranquila, no se lo diré a nadie.- y tendió su brazo para hacer el gesto de juramento. Le sonreí.

Nos quedamos mirando el lago durante largo rato, luego, tumbadas sobre la hierba pajiza, intentamos contar estrellas y unirlas formando animales y objetos que no existían e inventando nombres para cada uno de ellos. Conseguimos juntar cincuenta y cinco estrellas, que formaban una extraña flor, a la que llamamos “Charania”, por que en ese momento, se fundieron nuestras mentes y nuestra imaginación, y decidimos que el mejor nombre inventado eran nuestros nombres fusionados. Me giré sobre mí misma para contemplarla. Era una niña muy guapa, la envidiaba, pero no una envidia mala e insana, me gustaba mirarla, me gustaba su pelo rubio y lacio, porque era lo contrario al mío, marrón y rebelde. Quería quedarme allí para siempre, pero sabía que mamá se enfadaría si llegaba más tarde de las diez, y seguro que eran mucho más tarde, además, ni siquiera había avisado de que me iba. Mis padres estarían preocupados.

- Ania… deberíamos irnos. Nuestros padres estarán preocupados por nosotras.- susurré muy cerca de ella. Hacía frío y cada vez estábamos más juntas, para mitigar el temblor de nuestros cuerpos.
- Habla por tus padres, Charlotte, los míos sólo piensan en sí mismos. Mi madre me odia y mi padre odia a mi madre. Todos los días, todas las noches, a todas horas discuten. No se aman. No quieren a nadie. Y nadie me quiere a mí.- musitó con la voz rota de dolor. Tenía las mejillas llenas de lágrimas que se escurrían hasta su pelo, y se quedaban allí escondidas, para que nadie las viese.
- Yo sí te quiero.- y cogí su mano, para hacer más firme mi confesión.
- Yo también a ti. Gracias por… por esto. Por esta noche. Me has ayudado mucho.- susurró contra mi oído. Apretó mi mano levemente, y se apresuró a levantarse.

Me levanté con su ayuda y anduvimos a paso rápido hacia nuestras casas, donde, a ella le esperaba una madre inconsciente por el alcohol y un padre que se había marchado para no volver."



Cuadro: "El sueño", de Courbet.

domingo, 25 de abril de 2010

A las señoras mayores no les gustan las niñas de labios bonitos pintados de rojo.

Era medianoche y había bebido un poco. Antes de salir de casa me miré en el espejo; el pelo larguísimo cubriendo mi pecho y la espalda, brillante y sedoso, con tenue olor afrutado y dulce. Las pestañas larguísimas y rizadas y los ojos bien abiertos. Pero faltaba algo. Los labios rojos, por supuesto. Y eso hice, pintarme los labios rojo puta, y sentirme más sexy todavía, sintiendo el roce del encaje bajo mi ropa de mujer.
Cuando llegué estaba sola, me acerqué a la barra a charlar con el chispeante barman, amigo mío. El cobrizo de su pelo desentonaba en aquel lugar, pero supongo que eso es lo que lo hacía especial. La misma música de siempre sonaba en el tocadiscos y con su voz de siempre y el tono de siempre, me preguntó.
- ¿Qué te pongo, tía?.- todos somos sus “tíos y tías” colegas, amigos, camaradas. Una gran familia.
- No lo sé, sorpréndeme.- respondí yo, como siempre también. Suele gustarme todo lo que me ponga él, aunque a veces me drogue sin yo enterarme o me engañe diciendo que es vodka negro cuando en realidad es absenta negra, de ochenta y cinco grados de alcohol. Por eso siempre huelo primero antes de beber. Es una norma para todos. Oler antes de ingerir.
- No sé tía, lo que quieras. ¿Un chupito?
- Sí, un Ferrari.- No sé muy bien la mezcla de esa bebida, pero sabe a café y eso me gusta. Café que te calienta todo el cuerpo aun siendo una bebida fría.

Me bebí el chupito de un trago, como debe ser. Y en ese momento me fijé a través del espejo que tenía delante –no podía dejar de mirarme, no acaba de gustarme los labios tan rojos- de que me miraba intensamente un hombre mayor, de unos cincuenta o sesenta años, muy desaliñado, con la barba marronácea y aparentemente sucia. Recuerdo que su barba era del mismo color que su ropa. A su lado se sentaba una mujer de unos cuarenta y cinco años aproximadamente, rubia oxigenada, pecho prominente y demasiadas curvas para tan poco cuerpo. Ella también me miraba fijamente. Hasta que me abordó el hombre desaliñado.

- ¿Llevas pestañas postizas?.- me preguntó, con voz ebria.
- ¿Eso, llevas pestañas postizas?.- se unió la rubia oxigenada.
- Sí.- respondí tímidamente.- aunque sólo me las pongo porque tengo muy poquitas.- expliqué. Siempre tiendo a dar explicaciones de todo. No sé porqué.
- ¡Uy! Pues no sé porque las llevas, con lo guapa que eres. Eres muy guapa, tienes una carita de porcelana. ¿Has visto que guapa?.- dijo la rubia. Yo sentí como mis mejillas se encendían de vergüenza. No sé como actuar cuando la gente me alaba, y menos cuando son desconocidos. Y menos cuando he bebido y estoy sola en un pub.
- Vaya… gracias.- respondo, huyendo sus ojos oscuros, que escrutan mis labios de una forma que no supe definir hasta…
- Pero te falla algo. Porque tú tienes unos labios muy bonitos, y no te hace falta pintártelos tanto.

Abrumada por la vergüenza y por la realidad. Le dije que sí, que tenía la razón, que estaba observándome en el espejo y que no me gustaba lo que veía. Y volví a decir gracias por el piropo hacia mis labios bonitos.
Fui al baño y restregué mi boca con papel, para librar mis labios del carmín. Me miré en el espejo y sonreí. Pensé: “Esta sonrisa, no me la quita nadie.” Cuando salí mis amigos estaban esperándome.

sábado, 17 de abril de 2010

De entre los labios se me escapa la vida.


Mi vida, sinceramente y sin exagerar, está compuesta por una retahíla de sucesos desafortunados, una cadena de desastres y malos recuerdos que han mermado mi corazón. Y ahora la soledad se apodera de mí y me aplasta como una losa.
Y la vida se me va... así sin más.

Foto de: http://prozacparaolvidar.blogspot.com/

jueves, 8 de abril de 2010

¿Hay algo más romántico que la voz de Katie Sketch?






Yo creo que su voz sólo puede compararse a sus letras... soy una romántica, qué se le va hacer y me ha entrado un ataque repentino y encontrado de amor hacia Katie, de la cual me "enamoré" hace poco más de un año, cuando la vi por primera vez en un capitulo de L, cantando, toda vestida de blanco, con su voz y sus gestos dramáticos y bohemios. Me encanta.

viernes, 2 de abril de 2010

Dormida entre los espejos...

he soñado que le hacía el amor a tu alma.




Jordi Sierra i Fabra.

lunes, 29 de marzo de 2010

Retrasados mentales.

Hoy me he pillado un cabreo monumental. Y es que me he enterado de que un buen amigo, el viernes por la noche estuvo evitándome por ciertas compañías que me rodeaban. Un amigo homosexual. Bajo la frase "aquí maricas no", me ha dejado completamente petrificada que un hombre que dice desear "tirarse a Cristiano Ronaldo una y mil veces" sea tan homófobo y retrasado. Y si lee esto, que me lo explique si me equivoco, pero de verdad que me ha dolido.
Y luego o antes, yo que se. Un estúpido retrógrado, dándome conversación, una conversación absurda, claro.

Retrógrado: Las lesbianas... sois muy cerradas.
Yo: ¿Y eso porqué?
Retrógrado: Pues, porque no os acostais con tios.
Yo: Lo mismo puedo decir de ti.
Retrógrado: Pero es que yo se lo que me gusta.
Yo: Y yo.

En fin. Puta sociedad.

jueves, 25 de marzo de 2010

Lo que significas para mí.

Tú estas mal, yo estoy mal. Aun así conseguimos aparcar nuestro desánimo y escucharnos mutuamente. Pocas personas saben ofrecer eso y es muy importante para mi y es una forma en la que se refleja claramente lo mucho que significo para ti, y tu no te quedas atrás en lo que a significado se refiere. Juro que me han dado ganas (de haber tenido tiempo) de coger el primer avión, tren o autobús para estar contigo, poder escucharte y darte lo que necesitas.
Pienso mucho en nosotras y en todos los "y si..." que nos rodean. Con tal de quererte y que me quieras, he sido capaz de aceptar y sobrellevar la situación, de aceptar cualquier final (si es a tu lado, claro), porque te quiero más de lo que sé y puedo demostrar.
Hemos pasado muchas cosas y nos quedan muchas por vivir, buenas y malas, pero experiencias al fin y al cabo. Recuerdos que inventaremos con cariño y nos harán más fuertes.
Una vez te perdí y bajo ningún concepto dejaré que ocurra de nuevo, porque eres mi media mitad y viviría medio muerta.
Cuando estoy mal, pienso en todos nuestros momenos, vivencias, recuerdos; algunos malos, la mayoría buenos, que me hacen recordar quién soy, que afortunada soy de conocerte. Me hacen sentir que fui feliz una vez y que tarde o temprano conseguiré serlo de nuevo.
Sonrío si pienso en la primera vez que te abracé, recuerdo lo nerviosa que estaba y que ni siquiera me quité las gafas de sol. Evoco la primera noche que pasamos juntas, la cual pasé observándote embobada mientras dormías, me sentía dichosa. La primera vez que nos cogimos de la mano y saber lo mucho que significabas (y significas) para mí.
Nunca había sentido tanto, ni nada parecido por una amiga, porque la nuestra es una amistad especial, sin límites, ni siquiera de nombres, ya que la palabra "amistad" se queda corta y no han creado otra que lo defina fielmente. Siento devoción, adoración. Una relación de otro tiempo; tú eres Gerard, yo soy Frank, tú eres Hernández y yo Sijé.

Eres mucho, Blanca, MUCHO

sábado, 6 de marzo de 2010

Última esperanza.


Mis manos heridas son las manos de todos aquellos que sufren.
Heridas metafóricas, reflejadas en la piel.
La sangre es el dolor que emana de los cuerpos castigados por el miedo.
Las manos, reflejo del alma, se aferran a Dios como única esperanza de conseguir la paz interior.
La fe es el camino hacia la felicidad y en ese camino, existen obstáculos que me fortalecen.
El dolor es la prueba que Dios me impone, para verificar mi fe.



Foto: "última esperanza", trabajo para fotografía.

domingo, 28 de febrero de 2010

Amor sin condiciones.

El amor romántico no existe y tristemente me he dado cuenta a una edad muy temprana. Ya no viviré con la ilusión de conocer a alguien a fin a mí en todos los ámbitos y sentidos. Ya no perderé el en buscar y dejarme encontrar. Porque, así como en los cuentos que nos contaban de niños, todos con una finalidad, una moraleja, el invento del amor no es más que una estrategia para engañarnos, mentirnos a nosotros mismos y embaucarnos en la tarea de traer hijos al mundo. Este cuento es el culpable de muchas penas y lágrimas, al igual que la fidelidad y la monogamia. Restándome del resto de los mortales (por ahora) soy monógama y fiel. Yo, ingenua de mi, pensaba y creía en el tipo de amor romántico “crepusculero” empalagoso e infinito y por supuesto, fiel.
El sexo va aparte. Ahora, realmente la vida y la “experiencia” me ha hecho cambiar de opinión, mi forma de pensar, aunque no pueda decir lo mismo de mi forma de sufrir.
Las personas tienen un instinto sexual irrefrenable (cosa que me hace pensar que no soy persona, porque yo ese instinto lo puedo frenar) pero supongo que, si alguna de mis parejas futuras (hola a todas) tiene sexo con otra persona, pero asegura que me ama a mí, hoy por hoy, podría llegar a perdonarlo. Como decía Victor Fox en “Amor sin condiciones”: “Dirk, me acuesto con otros hombres, pero duermo contigo.”

jueves, 25 de febrero de 2010

Tocada... y hundida.

Nunca soy suficiente. Da igual cuan delgada esté, cuantas curvas tenga, lo largas que sean mis pestañas o lo suave que sea mi piel. Da igual que tenga buen corazón, que sea dulce o sepa expresar o no mis sentimientos, a la larga, nunca es suficiente.
Sé que no enamoraré a nadie y que yo me enamoraré una y mil veces. Da igual lo mucho que quiera a alguien, siempre acabará haciéndome sufrir. Como por ejemplo, mi madre, como por ejemplo, mis amigos, como por ejemplo, mis ex.
Hay cosas inevitables, como la muerte o el amor, no puedes luchar contra ellos, pero puedes aprender a vivir con el peso de que algún día morirá alguien a quien amas y que algún día te enamorarás locamente. Es algo que hay que vivir, una prueba más, un obstáculo en la carrera de la vida.
No importa lo que hagas, no importa lo que no hagas, una cosa u otra acabará pasando. Tarde o temprano.
La vida es muy complicada y a veces me da rabia porque me gustaría tener el poder para cambiarlo, cambiar quién soy, aunque ese sentimiento desemboque en una aguda culpabilidad hipócrita que me engulle por dentro. No puedo tomar el camino fácil sólo porque sea fácil, la vida no es así. Mí vida no es así, no puedo elegir una vida menos complicada que la mía. Y a joderse.

lunes, 22 de febrero de 2010

Crisis de soledad.

Mi vida se consume como un cigarrillo solitario a media noche; cada mal recuerdo es una calada mal dada.
Siento como la vida se me escapa de las manos, ante mis ojos. Estoy perdida y sin rumbo en este mundo sin sentido.
Tengo mucho que ofrecer pero nadie a quien ofrecérselo. A veces no me importa, he aprendido a convivir de esta manera, hasta mi próxima “Crisis de soledad”, que suelo tener cada domingo, de siete de la tarde a altas horas de la noche y que suelen comenzar con interminables suspiros y ansiedad, y terminar a lágrima viva, sobre mi almohada querida, consecuencia de la suma de una película lacrimógena y mi soledad.

sábado, 20 de febrero de 2010

Sí, soy tonta y ridícula.

Buenas noches.
Aunque sean las siete de la tarde.

http://tusimeconoces.blogspot.com/

viernes, 12 de febrero de 2010

Ridículamente ridícula,

Tal como me temía, me gustó besarte, sentirte, saborearte. Ahora, como una especie de síndrome de abstinencia, mi boca quiere más. Mi cuerpo se está portando mal, porque cada vez que lo recuerdo, cada vez que lo recreo, se despierta, se desboca, se excita.
Me siento totalmente ridícula sintiendo esto, soy sincera, a veces me avergüenzo, no por desear a una mujer, si no porque me siento sola ante estos sentimientos, como la única implicada, preocupada a veces y paranoica sin sentido a ratos cortos. Luego lo pienso y me río, me digo a mi misma que tengo que confiar más en mí, que tengo que tranquilizarme, entonces me centro en los libros, en mis escritos. Inevitablemente sales tú. Escribo y te describo, recuerdo y te recreo, invento y te pienso, sueño y te deseo.
Siento ser una romántica empedernida sin remedio, nací así y por más que intente cambiarlo no puedo suprimir el rasgo que me define. Lo siento mucho, de verdad, ojalá pudiese cambiarlo.

jueves, 11 de febrero de 2010

Vicent Andrés Estellés.

No he desitjat mai cap cos com el teu.
Mai no he sentit un desig com aquest.
Mai no el podré satisfer -és ben cert.
Però no en puc desistir, oblidar-te.
És el desig de la teua nuesa.
És el deig del teu cos vora el meu.
Un fosc desig, vagament, de fer dany.
O bé el desig simplement impossible.
Torne al començ, ple de pena i de fúria:
no he desitjat mai cap cos com el teu.
L’odi, també; perquè és odi, també.
No vull seguir. A mamar, tots els versos!


Pues eso.

lunes, 8 de febrero de 2010

Adicta.

Soy una adicta. Adicta a la cama, adicta a los sueños, a la cafeína, teína, al pintalabios rojo putón, a unas medias a juego, a la lencería fina y de encaje, a los vestidos, a las faldas excesivamente cortas, a las medias rotas, al pelo negro, a los besos, al contacto de pieles, al calor, a los insultos en inglés, a la música, a la vida, a los zapatos planos, a los días nublados, a la ropa negra, adicta a los colores chillones, al tabaco, al zumo de tomate, a los libros, a las letras, a los pensamientos, razonamientos y la lógica. Adicta a la psicología, a la psiquiatría, a las historias largas y turbulentas que se cuentan en un día lluvioso, a los viernes. Adicta a rodearme de personas constantemente, adicta a estar fuera de casa, lejos de mis padres, adicta al dulce, adicta al salado. Pero sobretodo, adicta a los besos. Eso seguro.

domingo, 31 de enero de 2010

Nueva pasión.

Lo he encontrado tarde, pero puedo decir que adoro a Paulo Coelho.

martes, 26 de enero de 2010

Una canción.


Los centinelas de mi pensamiento
Luchan en batalla contra tu recuerdo
Arañan mis piernas intentando alcanzar mi cabeza
Hundiendo sus dedos en las yagas del amor

No necesito más caricias
He aprendido a ver el amor en las heridas
Lenta agonía que me quema las entrañas
Sábana blanca que me cubre el rostro

Quiero ver más allá
Pero ya no puedo
Quiero ver más allá
Pero ya no puedo

domingo, 24 de enero de 2010

Me siento extraña.

Últimamente me siento extraña, como si una parte de mi estuviese desapareciendo, o se hubiese transformado en algo que siempre he detestado y anhelado a la vez. Sí, creo que ya no soy yo, si no una copia barata de mi misma, que no se asemeja a mi cálida personalidad, me cuesta muchísimo expresarme, ser cariñosa y atenta. Antes parecía haber nacido con ese don de gentes, ahora soy una borde sin remedio. Y esto me afecta a la escritura. Un escritor se basa de experiencias para escribir, y yo hace mucho tiempo que experimento nada. Hace tiempo que no vivo. Y si no vivo no escribo y si no escribo no vivo y así, el pez que se muerde la cola.
Escribir es un alimento para mí, al igual que leer. Bebo libros, mastico palabras, vomito frases y fumo párrafos enteros de delirios caóticos y sin sentido (que para mi lo tienen).
Añoro el calor de una persona a mi lado, siento cada vez más miedo y cada vez más alivio de estar sola, sentimientos totalmente contradictorios. Me gusta estar sola porque he aprendido que no se acaba el mundo por estarlo, y me da pánico estar sola porque tengo el presentimiento de que voy a estar así siempre. No confundamos términos, no es lo mismo estar sola que sentirse sola. Obviamente no estoy sola, pero me siento muy sola y eso es lo terrible. Sentirse sola en medio de un montón de gente, es lo peor que le puede pasar a una persona. Sin embargo, me gusta la soledad, disfruto las raras veces que mis padres abandonan el nido (parece que estén pegados con superglú al salón de casa) unas horas o unos días y yo soy indescriptiblemente feliz porque me siento libre, y la libertad yo la aprecio muchísimo. Programo mi vida, imagino que soy ama de casa, limpio y cocino cuando me apetece, estoy en el comedor pacíficamente, y fumo cuantos cigarrillos se me antojan. Voy desnuda si quiero por la casa, grito si tengo un orgasmo, bebo si tengo cerveza a mano, como a cualquier hora del día o de la noche, la música siempre fuerte y atronadora. Esa es la verdadera felicidad, sentirse libre. Y yo nunca me siento así. Sentirse querida, y hace mucho tiempo que nadie me quiere como quiero que me quieran. Necesitada, porque sé que la próxima persona que me toque, se va a tragar mis lágrimas de emoción, que he sufrido mucho y lo que más necesito es un abrazo.
Hay días en los que no me sirven ni mis orgasmos. Solo necesito abrazarme a un cuerpo, y dormir. No dormir sola, dejar entrelazar mis pensamientos nocturnos, colarme en los sueños de otras, y dejar que entren en los míos.
Necesito viajar, besar, llorar, gritar, reír histéricamente. En fin, que necesito ser y sentirme feliz. Libre.

lunes, 18 de enero de 2010

M.J


Su fama reducida a:
"Sí, ese chico, ese bailarín blanco negro, que baila y canta tan bien". Isabel Santacatalina, profesora de filosofía y aislada del mundo, por lo que se ve.

domingo, 17 de enero de 2010

Amor de madre.

Mamá: "Tienes una personalidad de mierda, eres una desordenada y nadie te va a querer nunca."

sábado, 16 de enero de 2010

El mejor regalo...


Es una bendición divina tener las amigas que tengo. Y si pongo esta foto en particular, es porque hoy, sin que ella lo sepa, me ha demostrado cuánto me quiere y me protege.
Te quiero. Mucho, muchísimo.

miércoles, 13 de enero de 2010

Relación "profesor-alumno".

Los profesores tienen la idea errónea de que al ser la autoridad absoluta en una clase tienen el poder para someternos a su voluntad, creen que sólo somos alumnos y no personas. Creen que están en su derecho para insultar, degradar, humillar, anular, amenazar e imponer sus absurdas reglas sin consecuencias. Pero sí que las hay, no inmediatamente, lógicamente, pero consiguen tener alumnos muy cabreados y protestotes, además de personas desquiciadas y con “el síndrome del alumno quemado”. Sí, los profesores tienen la llamada enfermedad del síndrome del profesor quemado, no saben lo que es ser alumnos de ellos mismos. Se suicidarían.
Un día agotador repleto de repliques, anulaciones, insultos (que me llamen inmadura que me parece un insulto enorme en mi persona), queriendo explicarme y sin que me dejasen, etc, etc, etc.
Para acabar, Isabel, Lola, iros a una isla y no volváis.

lunes, 11 de enero de 2010

Día guay.


Hoy ha sido un día muy productivo. He hecho mi trabajo de técnicas de expresión graficoplásticas a golpe de pincel y con la banda sonora de “Queer As Folk” como acompañamiento, pues lo requería ya que el dibujo son dos de los personajes principales de la serie.
Luego he estudiado historia, me he hecho resúmenes, he buscado información en Wikipedia y más sitios de Internet y lo he agrupado todo en forma de apuntes.
Me ha dado tiempo a hablar largo y tendido con mis padres, sin exaltarme ni echarme a llorar (¡bien!) y ¡todavía he podido dormir una pequeña siesta!
Me siento realizada, porque, aunque llevo poco tiempo viviendo en el 2010, todos los objetivos que me marqué los estoy cumpliendo (casi) a rajatabla. Los más importantes al menos si los estoy cumpliendo inmediatamente y me siento orgullosa. Poco a poco iré remontando, o al menos, eso espero.
Me voy a dormir, escuchando la melódica y suave voz de Brian Molko, que cada vez me tiene más hipnotizada.


Foto/Dibujo: Justin&Brian

domingo, 10 de enero de 2010

Corazón de hielo.


Hay gente en el mundo que parece no tener sangre en las venas. Sus corazones no se conmueven ni laten. No se mueven, no sienten. A veces, me gustaría ser una persona así, incapaz de sentir, por lo tanto, incapaz de sufrir.
Pero en mi naturaleza y código genético está el ser sufridora y querer mucho. Lo he heredado de mi abuela, que es la persona más cariñosa y servicial que conozco, nunca piensa en ella misma, siempre en los demás y eso la hace sufrir muchísimo.
Obviamente, no siempre pienso en los demás, aunque sí la mayoría de las veces. Eso me convierte en una persona muy inocente y tonta. Dejo que los demás jueguen conmigo solo para mantener una cierta armonía con el mundo que me rodea. Pero me acaba matando, o haciendo daño. Siempre la misma historia, la misma canción. Al final, todo las riendas y es cuando los demás se percatan de que algo ha cambiado en mi, y ya no les gusta mi forma de actuar, me ha pasado en varias ocasiones, cuando me he defendido en lugar de dejarme pisotear.
Voy a luchar por protegerme, ya que solo yo puedo hacerlo. No necesito que nadie me proteja, ni me cuide, ni… me quiera. Yo me cuido. Yo me protejo. Yo me quiero. Yo. Yo. Yo. ¿A quién pretendo engañar? A MI. No necesito a nadie, porque he aprendido a no depender de nadie más que de mi misma para ser feliz, aunque sea un poco. Pero si que me siento muchas veces sola, y eso me irrita muchísimo porque no puedo hacer nada YO para remediarlo. En fin. Un mal día.

sábado, 9 de enero de 2010

9 de enero.


He intentado olvidar este día con todas mis fuerzas, pero ha sido inútil. Aunque los recuerdos están borrosos, los colores son muy vivos y los sentimientos yacen latentes a la espera de un nuevo amanecer.
Hace un año sentí como mis sentimientos se unificaban. Se abrió un mundo nuevo ante mí, un mundo que todavía no he terminado de descubrir. Supe por fin quién soy, cómo soy. Se declaró mi verdadera identidad. Me conocí plenamente a través de otras manos y labios.
Durante los últimos meses me he estado castigando, torturándome con el recuerdo de los sentimientos vacíos, sin ser capaz de admitir que ese día fue crucial para mi “yo” en estos momentos.
Esos recuerdos y actos han forjado quién soy ahora y porqué soy así. Supe de lo que soy capaz de hacer, de mi gran capacidad para sentir. De la emoción que puedo almacenar y dejar salir a borbotones de mi interior.
El año pasado, por esas fechas, por estas horas, supe lo que era amar a alguien de verdad. Con todo tu cuerpo, tu alma, tus fuerzas. Un amor que te desgasta y te agota. Te desgarra. Ese que sólo se siente una vez porque es la primera vez que te hacen sentir así.
Pasarán los años y el recuerdo quedará enterrado bajo una gran montaña de nuevos recuerdos reciclados (buenos y malos), aún así seguirán ahí, en mi mente, en mi corazón.
Quedarán memorizados como una poesía de la adolescencia, con el deje de amargura del primer amor/desamor.
Recuerdos que teñirán de sonrisas mis últimas horas, las peores noches, los peores días, los peores momentos de mi vida.
Sé que de recuerdos no se puede vivir, como un buen día me dijo mi padre, mirándome a los ojos. Una frase que me congeló el alma y los sentidos.
Los recuerdos sirven para saber lo que viviste y creando nuevos recuerdos, sabrás lo que vivirás, los recuerdos ayudan a equilibrar la balanza de la memoria. Y este en concreto, pesa más que cualquier otro.

martes, 5 de enero de 2010

Frerard NEVER dies.

Al pasar por mi lado me empujó suavemente con el hombro. Era una señal, para que le acompañase.
Le seguí dubitativo por el largo pasillo hasta entrar en los baños, antes de que pudiese reaccionar me estampó contra la pared de azulejos blancos y me besó. Fue un beso rudo, excitante y pasional. Sentí sus brazos rodeando mí cuello, sus manos acariciar mi cabello y su lengua enroscarse con la mía. Quise separarme de él, y Frank mordió mi labio inferior. Gemí, su mano se perdió dentro de mis pantalones…
Conseguí reunir la suficiente fuerza de voluntad para apartarme brevemente de él, mientras Frank besaba mi cuello paseando su lengua húmeda por mi piel…
- Frank.- jadeé sin aliento, excitado por sus besos.- ¿Qué haces?
- ¿Tú que crees?.- preguntó contra mi mandíbula.
- Esto no está bien….- susurré con poca convicción en el tono de mi voz.
- Eso lo hace más excitante.- desabrochó uno de los botones de mi pantalón.- tu lo deseas.- otro botón.- yo lo deseo…

"Hand in mine, into your icy blues
And then I'd say to you we could take to the highway
With this trunk of ammunition too
I'd end my days with you in a hail of bullets"


lunes, 4 de enero de 2010

Arrepentimiento moral.

Hacía mucho, muchísimo tiempo que no sentía una rabia tan ardiente y devastadora como la que he sentido hoy. La impotencia de no tener mi futuro en la palma de la mano, de no tener los medios para irme lejos y no mirar atrás. Es lo que me gustaría, olvidarme de todo y empezar de cero. Sobretodo olvidarme de mi madre, que me amarga la existencia cada vez que tiene ocasión. No tengo la típica rabieta adolescente, hay cosas que sí sé que merezco, pero todo tiene un límite. Yo tengo un límite de paciencia, y el vaso está casi a rebosar, amenazando con desbordarse de cualquier forma, sin importar las consecuencias.
Hoy he llorado y he gritado en soledad hasta desgastarme los pulmones. Me he tapado la cara y he desatado la ira en forma de sollozos y arrebatos coléricos que tenían que haber salido de mí hace mucho. Ya no cabía más paciencia en mí interior.
Me escuece la garganta de las palabras que me quemaban en la boca, las he dejado salir, sin importarme lo que pasaría. Sin pensar. Ahora, tonta de mi, me duele el alma. El arrepentimiento es lo que tiene, es la tortura de la persona humana.