miércoles, 23 de diciembre de 2009

Tarde de Martes rara.


A pesar de este día tedioso y cansino, al llegar a casa me sentía más o menos bien. Hablé un rato con mi madre y mi abuela y eso me hizo sentir un poco mejor y confiar en mi misma un tantito. Después de comer me sentía terriblemente cansada, no físicamente, si no mentalmente. Agotada. Sin pilas. Con todas mis neuronas quemadas y requemadas de tanto pensar y centrifugar pensamientos en mi cabeza. De inventar recuerdos y recordar otros tantos. Agotada de llorar lágrimas silenciosas de un arrepentimiento atronador.
Ha habido un momento, en mitad de mi tormenta interior, y tras ingerir mi medicina para la ansiedad, en el que me he quedado dormida o al menos, eso creo. Un par de horas más tarde alguien me ha llamado, no recuerdo quien, le he colgado sin descolgar. No quería escuchar nada. Ninguna voz, ningún sonido salvo el de mi respiración entrecortada y mis suaves sollozos de niña pequeña.
Me he levantado y he tomado un poco más del medicamento recetado (que nadie se piense que me tomo pastillas a la ligera, es un tratamiento). He fumado incontables cigarrillos mientras lloraba amargamente bajo un manto de culpabilidad que me agobia. Sé que he cometido un error, lo reconozco. Y lo siento, por mí, por mis padres, y mi familia en general. Lo siento por mi futuro y por aquellas personas que creyeron en mí y las he defraudado nefastamente. Lo siento, de verdad.
He fumado hasta que todo me ha empezado a dar vueltas, y me he quedado adormilada sobre el suelo frío de mi baño, con los ojos cerrados escuchando el silencio. La paz en la no paz de mi interior.
Quiero cambiar, he cambiado mucho mi forma de ser, y los que me conocen de años atrás lo pueden corroborar. Ya no soy la misma niña suicida que era antes. Ya no. Ahora pienso más y actúo menos, y es un alivio. ¿Es tarde para cambiar? Espero que no. Espero dejar de delirar algún día con textos deprimentes que me describen de la mejor manera.
Quiero dejar que me conozcan de verdad, de ser yo misma y que no me anulen o juzguen mal. Yo no juzgo, hace mucho que no lo hago. Supongo que he madurado y aprendido con el tiempo y los años. Las experiencias y los recuerdos (que cortan como dagas).
Haré lo que debo hacer, aunque no sea lo que quiero hacer. Una vez más. Y espero no equivocarme sobre mí, y estar en lo cierto de que lo voy a conseguir. Quiero estudiar, quiero estar orgullosa de mi trabajo. Quiero que mis “amigos” dejen de juzgar lo que hago o dejo de hacer. Es cierto que me importa bien poco lo que digan o piensen de mi, pero al final una se cansa de escuchar siempre la misma canción. Y quiero que le den al stop o incluso que la borren del disco duro de sus cabezas.
También me gustaría borrar algunas cosas de mí, pero esa es otra historia.
Hasta mañana si Dios, (Risto Mejide) quiere.


"Quererse mal y pronto. Quererse tanto por tan poco. Quererse mucho sin ser feliz. Qué coño, quererse al fin y al cabo."
Risto Mejide.

1 comentario:

mayma dijo...

ánimo y muxa fortaleza, pekeña..

un saludo!!!