martes, 22 de diciembre de 2009

La Navidad.


Un tema difícil de ignorar en estos días blancos y llenos de niños mirando absortos los anuncios de juguetes en las pequeñas y adictivas pantallas de televisión. Padres y madres sufriendo ansiedad porque saben que no van a llegar a fin de mes. Madres y padres tristes porque este año no van a poder hacer el regalo de los sueños de sus hijos e hijas. Adolescentes cabreados ante tanta hipocresía y tanto consumismo absurdo (osease, yo).
Mi navidad es pura fachada e hipocresía y tal vez por eso la odie. En realidad, pienso que odio la navidad desde que dejé de ser una niña y una profesora de primaria me reveló el secreto que no debió revelar a ningún niño de seis años.
Cuando eres pequeño todo es más fácil y eres más fácil de complacer o al menos yo, que nunca he sido una niña demasiado caprichosa. Nunca me han mimado y no creo que lo vayan a hacer a estas alturas. Ya sé qué me van a regalar para estas navidades, y me duele admitir que mi propia familia no me conoce en absoluto. La navidad es una época consumista. Hasta ahí bien. Pero, ya que compras un regalo, que le haga ilusión a la persona a la que va destinado, por lo menos. Casi siempre todos los años tengo que fingir que me encanta el regalo y fingir que me cae bien mi familia. Me refiero a mi familia lejana, porque a la que veo continuamente la quiero mucho.
Cuento por ejemplo, el día de Noche Buena, cuando vamos todos en tropel a cenar a casa de una hermana de mi abuela. Odio esa cena porque nadie conoce a nadie y me siento incómoda cada vez que me preguntan si tengo “novio”. Aclaro que esa parte de la familia es muy conservadora y no tienen ni idea aproximada de que las chicas para mi, son mucho más que amigas.
En fin. Odio a mi primo. No le soporto. Es el típico que se cree “guay” y se hace el “guay” delante de mí y de mi familia para que veamos lo “guay” que es y cuántos amigos tiene en diferentes partes del mundo. En realidad a ese chico nadie le quiere, y su madre es una fracasada que va arruinando una relación sentimental tras otra. Ojala no llegue a parecerme nunca a ella. Crucemos los dedos.
Tengo un tío que es “pepero” de pura cepa, y se pasa la velada hablando de “los maricones” de los “negratas” y de cualquier cosa que se le ponga delante que vaya en contra de sus creencias políticas y religiosas, claro está, utilizando sinónimos despectivos, que solo con el tono amargo de su voz, no haría falta usarlos.
Y bueno, en general y me he saltado a varios, son todos unos falsos. Y acabo las noches o de muy mala hostia o llorando. El año pasado me aburría tanto que me puse a leer una biblia que había “estratégicamente” colocada en la mesilla de café.
Creo que es fácil saber porqué no me gusta la navidad. Yo siempre he sido el centro de atención. Era la nieta única, la hija única y la única descendiente Mercader. En los cinco últimos años se han unido más y más niños al club. Primero fue Pol, luego las mellizas Alicia y Laura, luego José Antonio (Dios, que valor) y por último Daniel, la nueva y adorable incorporación. Puede que, al haberme hecho mayor y prácticamente adulta, siento como que me han dejado olvidada en un rincón, que nadie se acuerda de mí. Apartada de mi familia a la fuerza por ya no ser una niña, por ser ya una mujer y por ser diferente de todas las demás. Sí, seguro que por eso odio la navidad. Y porque odio ver tanta felicidad junta.


Foto: Audrey Kitching navideña.

1 comentario:

mayma dijo...

stoy cntg.. asko d navidad.. :S

da gusto entrar en tu blog (por la musika y los contenidos varios xDD)

xcierto, tng un tio =...

bss y feliz falsedad!!!