jueves, 10 de diciembre de 2009

Hipocresía.



hipócrita.
(Del lat. cristiano hypocrĭta, y este del gr. ὑποκριτής).
1. adj. Que actúa con hipocresía. U. t. c. s.

hipocresía.
(Del gr. ὑποκρισία).
1. f. Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.


Según mis amigos, familiares y yo misma, soy una hipócrita. No lo dicen, pero las miradas lo insinúan, y ya se sabe que una imagen (en este caso, un rostro) vale más que mil palabras. Todo esto si lo miras desde fuera y no estas en mi cabeza. Me explicaré o al menos lo intentaré, porque siento como si tuviese que justificarme, aunque no sé porqué razón abría que hacerlo.
A veces el cuerpo se separa de tu mente y actúa solo. A veces el corazón se revela contra tu mente y va por libre. A veces, solo a veces y bastante pocas, por cierto, mi mente mantiene a raya a todos los factores exteriores.
Soy humana, estoy viva y tengo 18 años. Estoy en edad de meter la pata, equivocarme, caer y levantarme (aunque tarde siglos en levantarme) sé que sobrevivo y que seguiré sobreviviendo (al no ser que me arroye un autobús).
Soy de naturaleza fuerte, aunque a veces el dolor parezca vencerme. Han pasado tantas cosas, que me siento inmutable. Indiferente de todo y de todos. He sentido el dolor más fuerte, el miedo más doloroso. He sentido el dolor de la amargura en mi propia piel, en mi cuerpo. También he sentido satisfacción, y la más grande de las emociones, aunque, desgraciadamente, esos recuerdos están borrosos en mi cabeza.
La vida es una caja, donde se coleccionan recuerdos, pensamientos y sentimientos. No todos son buenos y no todos son malos. No todo es blanco o negro, aunque, y soy la primera, en que no deja que haya demasiados grises en su vida. No por nada, simplemente soy así, radical. Radical e hipócrita. Todos lo somos a lo largo de nuestra vida, yo tengo el valor de admitirlo y afrontarlo. Sin miedos y sin remordimientos.
No soy orgullosa, al menos, no demasiado. Sé reconocer mis errores y sobretodo sé enmendarlos o intentarlo.
Tengo muchos problemas en la cabeza, y para aliviar los dolores, recurro a la negación, me miento a mi misma, entierro el miedo bajo capas de mentiras que hacen que mi vida sea “más fácil”. Pero al final la verdad sale a la luz, y quedas como una verdadera gilipollas.
Sí, soy gilipollas. Sí, soy una hipócrita.
Pero soy fiel a mi misma.

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