viernes, 18 de diciembre de 2009

El baúl de los recuerdos.


Historia de la niña de alambre.

Cuenta la leyenda, que, en tiempos remotos vivía una niña oscura. Los ojos no le bailaban, sus labios no sonreían y sus coletas se agitaban rígidas contra el frío cortante del viento. La niña, sin darse cuenta se adentró en un abismo de tristeza y melancolía que la carcomía por dentro. No sabía que le pasaba, la embargaba la locura y pasaba noches enteras de terrible insomnio y tan solo quería acabar con su vida, terminar con el profundo dolor y nada que sentía en el pecho, ese vacío que la llenaba hasta límites insospechados. La niña se cortaba, su piel mutilada lloraba en silencio la sangre de sus venas en cada corte, ella lloraba entre extasiada y aterrada, pues tampoco eso la ayudaba. Desconsolada y exasperada acudió a la tétrica mansión de la “madre Muerte”, la famosa bruja de la ciudad, pensando que tal vez ella podría ayudarla a morir, deseo que sentía desde hacia mucho tiempo. Se encaminó pues, hacia la morada de la bruja, quien la recibió sobresaltada sospechando sus intenciones.
Era una mujer vieja, de cabello ralo y plateado. Su piel traslúcida hacia que los humanos corrientes la temieran. La miró con recelo y preguntó:
- ¿Qué quieres niña?.- su voz era cansada y tenebrosa.
- Quiero que me ayudes a morir “madre Muerte”.- espetó, sin rodeos la niña muerta en vida.- No aguanto más esta soledad, este desconsuelo, siento que nadie me quiere y que no sirvo de nada en este mundo. Necesito desaparecer de la faz de esta tierra llena de mediocridad, llena de un vacío inmenso que se come mis entrañas y no me deja vivir… Por favor.- suplicó la niña arrodillándose frente a la bruja, que parecía horrorizada ante semejante petición..
- Pero… ¡Sólo eres una cría! ¿Y que hay del amor, de la ilusión, del cariño? ¡Te queda mucho por vivir!.- exclamó la vieja, sintiéndose ultrajada. No entendía la pena que apagaba la llama de la niña poco a poco, no entendía su sufrimiento y dolor.
- Son sentimientos que desconozco.- dijo la niña entre sollozos sordos.- solo siento miedo, soledad, angustia y solo deseo la muerte.
Los ojos oscuros de la bruja llamearon de furia, en sus pupilas se oía el crepitar de su rabia.
- ¡Por tu osadía te condeno a vivir una vida inerte, en una niña de alambre te convertirás, tu corazón dejará de latir y la frialdad del metal se apoderará de él para toda la eternidad!.- conjuró “madre Muerte” con toda su cólera.

En poco menos de un suspiro su corazón dejó de latir, y su piel rosada y dulce se convirtió en una masa fría de metal color zafiro, como sus ojos. Sus trenzas se tornaron tiesas como estatuas y sus extremidades apenas se movían.
Y así la niña se sumió en ese eterno abismo gélido, lleno de amargura y resentimiento. Decidió entonces encarcelarse en una prisión de alambre, que ella misma tardó siglos en construir, bañada en lágrimas de escarcha, llena de lamentos.
Se colgó de una cuerda, esperando a que la muerte llegase a por ella. Sin saber que bajo la prisión metálica de su alma, latía quedamente su corazón, implorando encontrar el amor, la ilusión y la alegría. Aquellos sentimientos que nunca podría experimentar. Lloró desgarrada por la pena, arrepentida y deseosa de haber tenido una vida mejor, más paciencia y de no haber sabido apreciar la vida, tal como era, hermosa como sí misma.
Justo cuando su llanto se hacía más enérgico, tanto, que hasta las nubes lloraban, el viento soplaba fuerte y su prisión se tambaleaba por momentos, ocurrió algo inesperado; un ángel se le apareció, la criatura más hermosa que había visto jamás. Embelesada por sus encantos, pensó que había muerto y esa era su recompensa, la belleza personificada. Una Venus que era un ángel del infierno. Sus miradas se cruzaron, llenando su alma de amor y calor, devolviendo el color carmesí a su atormentado corazón roto, dándole por fin una razón para vivir… Pero fue demasiado tarde, la niña, moribunda quedó aferrada a la franja entre la vida y la muerte, atrapada en un mundo hostil cuya única luz era el amor del ángel…


Te quiero B. ♥