domingo, 29 de noviembre de 2009

Una invención mía...


La tenue luz se filtraba a través del grueso vidrio de la televisión, iluminando nuestros rostros inmóviles, fijos en la pantalla. No podía leer sus pensamientos, yo no hacía más que pensar en sus labios. Era demasiado nerviosa e insegura para besarla.
Ella, apoyada en mi pecho, su cabeza, apoyada en mi pecho, subía y bajaba a cada bocanada de aire mía. Me moví un poco, solo un poco, para no molestarla y fue como si su cuerpo se encendiese. Algo en su interior se activó. Su mirada, ahora posada en mí, se tornó húmeda. Se relamió los labios, mirándome los míos. Se puso a mi altura y nuestras respiraciones se encontraron, entrecortadas. Sentí sus labios besándome con suavidad, mantuve mis ojos cerrados, disfrutando del momento y escuchando como poco a poco mí corazón se aceleraba.
En ese momento, se despertaron mis ganas de ella, el deseo de su cuerpo. Hundí mis manos en su pelo, y repasé su cara con los dedos, memorizando sus rasgos y cada centímetro de su piel…

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