lunes, 30 de noviembre de 2009

Oh, no, otra vez yo.



M-M-M-Monster
“Don't call me gaga
I've never seen one like that before
Don't look at me like that
You amaze me...”


Esta soy yo, con el cabello sin peinar, la lencería que tanto me gusta, el amor de mi vida entre los brazos y los ojos marcados de negro. Son cosas que me definen. A lo largo de todos mis escritos intento describirme y darme a conocer poco a poco, la mayoría que lee esto me conoce o cree conocerme, pero no. yo he cambiado mucho, mi interior y mi forma de pensar, pero eso es otra historia.
Normalmente me cuesta confiar y sentirme segura con alguien nuevo, por miedo a que me hagan daño, supongo. Me muestro fría al principio, aunque, depende de cómo evolucione mi relación con la realidad, la capa de hielo que me separa del mundo, se derrite poco a poco. No sé cómo ni porqué, estas atravesando ese muro gélido que tengo dentro. Me haces, como dices tú, bajar la guardia. Y sale a la luz mi verdadero yo, la persona que pocos conocen. No me pasa a menudo y es algo que me aterra, captas mi atención sin ni siquiera darte cuenta.
No sé si hago bien escribiendo esto, siento que vomito demasiadas palabras, demasiadas tonterías. Pero es lo que siento y si no lo digo reviento. Tampoco quiero que se malinterpreten mis palabras, desde siempre escribo todo lo que se me pasa por la cabeza, por absurdo que sea.

A veces, me siento un monstruo, yo me entiendo enserio, intento no darle demasiada importancia a las cosas, pero, sin pensarlo, se la doy. Soy así, de gran corazón y lo escribo amargamente porque, aunque intente ser fría e impenetrable, no lo consigo, siempre hay algo o alguien, que consigue abrirse camino entre la maleza (im)penetrable de mi corazón, alma, vida.
Me gustaría serlo, una reina del hielo, una señora de lo gélido. Pero ansío el calor de las personas, el contacto. Los besos, las caricias, los abrazos. Pensé que podía vivir sin ellos, pero no puedo.
Dependiente. Según en qué casos lo soy. Tengo que confesar que hace un par de años yo dependía totalmente de los demás. No podía ir a ningún sitio sola, por miedo al simple hecho de estar sola en un mundo desconocido para mí. Pero, a base de experiencias, buenas y malas, me he abierto al mundo, he saboreado lo amargo del dolor y el dulce del amor. He vivido la muerte de cerca y he llorado hasta quedarme sin lágrimas en el cuerpo. He gritado hasta quedarme sin voz y he odiado hasta desgastarme.
He hecho el amor y el no amor. Dejé de escribir hasta que, un día, sin pensarlo, comencé de nuevo y ahora, como una droga, no puedo dejarlo. Hago el amor todos los días, con mi alma, con las letras, con la música. Las palabras que brotan de mis dedos y se plasman en este papel, provocan un sentido éxtasis en mi interior, una explosión orgásmica al acabar cada folio, cada párrafo y cada frase.
Como escuché una vez, “Un escritor sangra en cada página que escribe” y yo siento como la sangre se derrama en cada letra. Y me hace gozar de una forma, en la que nadie, puede hacerme gozar. Las personas te fallan, el amor, te rompe, pero los libros, la literatura, siempre están ahí. Latente. El arte en sí, te ayuda a sobrevivir y los artistas saben de lo que hablo, porque, en la gran mayoría, somos personas sufridoras, o profundas. Puedo alardear de “conocer” bastante bien a la gente, soy observadora, tal vez tengo un sexto sentido, llamadlo como queráis. Sé leer almas, se leen en los ojos, porque los ojos, son el reflejo del alma, pero, por vergüenza o miedo, algo me impide leer en los ojos oscuros, muy oscuros o los claros muy claros. Me intimidan, me atrapan, me desvelan…
Llevo tiempo sin poder dormir, soñando con los ojos negros que me quitan el sueño.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Increíble <3