jueves, 19 de noviembre de 2009

Miedo.


El miedo te acelera la respiración, y el corazón se desboca en un rápido e intenso galope, como cuando sientes el orgasmo cerca y violento, arrastrándose por el interior de tu cuerpo, te estremeces y te cuesta respirar, aunque abras la boca, borracha de placer, el aire no llega a tus pulmones, que están llenos de gritos y jadeos. Una diferencia es, que cuando tienes miedo, la piel se te pone pálida y fría. Cuando sientes placer la piel te arde, está húmeda y rosada.
El miedo es un sentimiento que permanece enterrado hasta que viene alguien y lo desentierra, entonces no duermes, no comes y estas en constante alerta. No acabas de fiarte de nadie, ni de los gestos ni de las palabras. Es horrible sentir miedo, pero es algo que vive con nosotros, dormido, acurrucado en un rincón y que, una vez despierta, es difícil que vuelva a hibernar.
¿Puedo pedirte algo, miedo? Desaparece de mi vida, vuelve a dormir, permanece callado en un rincón de mi corazón. Deja de atormentarme, deja que piense por mi misma, no me ciegues, no me hables. Déjame sola. Con mi dolor, con mi no dolor, con mi felicidad o lo que queda de ella. Déjame con lo que pueda ser o no ser, solo déjame, desaparece de mi vista. Mis sentimientos te odian. Yo te odio.
Oh, el odio, un sentimiento brutal, destructivo, pasional… lo opuesto al amor, otro sentimiento destructivo y pasional. Ambos te comen poco a poco hasta dejarte sin nada. El odio te consume, la rabia te envuelve y no te deja ver la realidad. Te agota.
No quiero sentir nada. No quiero odiar más, no quiero tener más miedo.
Solo quiero ser...
Dulce. Rara. Especial. Única.
Simplemente… yo.

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