jueves, 19 de noviembre de 2009

Mentiras.


Mentiras.
Las hay de todo tipo, mentiras piadosas, que no hacen daño a nadie, mentiras para sobrevivir en esta sociedad intolerante (a las que yo recurrí mucho en mi infancia) y mentiras que se inventan para satisfacción propia, porque se tiene un problema mental o porque gustan de hacer sufrir a los demás.
También una persona puede engañarse a sí misma, es un mecanismo de defensa que se llama negación. Hay muchos mecanismos en los que se usa la mentira, pero hay que estar muy perturbado (yo lo estaba/estoy) para recurrir a ellos. De todas formas yo en esos casos puedo llegar a comprenderlo.
Pero odio las mentiras y odio a la gente mentirosa, no se merecen mi respeto ni el de nadie.
Yo admito que he mentido mucho, pero aquella etapa infantil la dejé atrás, junto con mi inocencia robada y las imágenes de violencia grabadas a fuego en mi memoria. No me sentí orgullosa en su momento ni me siento orgullosa ahora. “No es mentir si te obligan a hacerlo” (Brian Kinney, Queer As Folk.) no es que nadie me apuntase con una pistola obligándome a mentir, pero sentía una presión invisible pero fuerte que sí me obligaba a hacerlo. Supervivencia. Aceptación.
También he llegado a negarme/mentirme acerca de mi sexualidad, y he cometido errores (uno muy grande en particular) que ha dañado a terceros sin ser mi intención y de los que me siento profundamente arrepentida.
Ha pasado mucho tiempo, he madurado, y tengo la suficiente confianza en mi misma como para no necesitar recurrir a la mentira. Ya no tengo miedo de lo que piensen los demás de mi, dejé de tenerlo cuando me dí cuenta de que lo que más les jode a los “abusones” es la indiferencia hacia sus actos/burlas.
Las mentiras duelen más que los recuerdos semi olvidados, aquellos que se guardan en el inconsciente y que salen a la luz de vez en cuando para torturarte un poco.
La mente, tan maravillosa, tan misteriosa… ¿Habrá una especie de mecanismo en el cerebro que incite a las personas a mentir? ¿O es cosa de la inmadurez generalizada de esta triste sociedad?
Me duelen las mentiras, me duelen los engaños. Ya no te puedes fiar ni de tu sombra…
Escribo desde la rabia, no estoy hecha para este mundo sin sentido, y esta vida vacía.
Cuando me miro en el espejo, tengo una permanente expresión de tristeza y melancolía. Una mirada adulta y torturada. Ojos llorosos y tristes. Mirada perdida y absurda. Ciega. Veo sin ver nada. No quiero ver este mundo mentiroso, ni vivir en él.

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