jueves, 19 de noviembre de 2009

La voz interior.


La voz. El miedo.

Un murmullo callado.
Un sonido mudo.
Un silbido tétrico.
Un suspiro aliviado.

La voz que retumba en mi cabeza, una voz de ultratumba que me hace estremecer, su eco retumba en mi memoria, evocando recuerdos del ayer.
El pasado enterrado en mi cerebro, bajo sesos, pensamientos y neuronas. Es la voz que destapa en un sórdido tira y afloja, las imágenes escondidas en mi interior. La caja de Pandora.
Mi corazón - diatésico – está escuchando esa mórbida voz ronca. El aire viciado se come mis ojos y mastica lentamente mis entrañas. Muerde. Todo está sucio, manchado y negro. Rojo.

Una voz bella, rosada, azulada.
Caótica.
De niña, de mujer aniñada. Con ojos de gata y labios de puta.

La voz dormida susurra tranquila. El dolor ha pasado, pero la marca sigue ahí, como un tatuaje mal hecho, la cicatriz de la peor verdad.

Mal, muy mal.

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