lunes, 30 de noviembre de 2009

Oh, no, otra vez yo.



M-M-M-Monster
“Don't call me gaga
I've never seen one like that before
Don't look at me like that
You amaze me...”


Esta soy yo, con el cabello sin peinar, la lencería que tanto me gusta, el amor de mi vida entre los brazos y los ojos marcados de negro. Son cosas que me definen. A lo largo de todos mis escritos intento describirme y darme a conocer poco a poco, la mayoría que lee esto me conoce o cree conocerme, pero no. yo he cambiado mucho, mi interior y mi forma de pensar, pero eso es otra historia.
Normalmente me cuesta confiar y sentirme segura con alguien nuevo, por miedo a que me hagan daño, supongo. Me muestro fría al principio, aunque, depende de cómo evolucione mi relación con la realidad, la capa de hielo que me separa del mundo, se derrite poco a poco. No sé cómo ni porqué, estas atravesando ese muro gélido que tengo dentro. Me haces, como dices tú, bajar la guardia. Y sale a la luz mi verdadero yo, la persona que pocos conocen. No me pasa a menudo y es algo que me aterra, captas mi atención sin ni siquiera darte cuenta.
No sé si hago bien escribiendo esto, siento que vomito demasiadas palabras, demasiadas tonterías. Pero es lo que siento y si no lo digo reviento. Tampoco quiero que se malinterpreten mis palabras, desde siempre escribo todo lo que se me pasa por la cabeza, por absurdo que sea.

A veces, me siento un monstruo, yo me entiendo enserio, intento no darle demasiada importancia a las cosas, pero, sin pensarlo, se la doy. Soy así, de gran corazón y lo escribo amargamente porque, aunque intente ser fría e impenetrable, no lo consigo, siempre hay algo o alguien, que consigue abrirse camino entre la maleza (im)penetrable de mi corazón, alma, vida.
Me gustaría serlo, una reina del hielo, una señora de lo gélido. Pero ansío el calor de las personas, el contacto. Los besos, las caricias, los abrazos. Pensé que podía vivir sin ellos, pero no puedo.
Dependiente. Según en qué casos lo soy. Tengo que confesar que hace un par de años yo dependía totalmente de los demás. No podía ir a ningún sitio sola, por miedo al simple hecho de estar sola en un mundo desconocido para mí. Pero, a base de experiencias, buenas y malas, me he abierto al mundo, he saboreado lo amargo del dolor y el dulce del amor. He vivido la muerte de cerca y he llorado hasta quedarme sin lágrimas en el cuerpo. He gritado hasta quedarme sin voz y he odiado hasta desgastarme.
He hecho el amor y el no amor. Dejé de escribir hasta que, un día, sin pensarlo, comencé de nuevo y ahora, como una droga, no puedo dejarlo. Hago el amor todos los días, con mi alma, con las letras, con la música. Las palabras que brotan de mis dedos y se plasman en este papel, provocan un sentido éxtasis en mi interior, una explosión orgásmica al acabar cada folio, cada párrafo y cada frase.
Como escuché una vez, “Un escritor sangra en cada página que escribe” y yo siento como la sangre se derrama en cada letra. Y me hace gozar de una forma, en la que nadie, puede hacerme gozar. Las personas te fallan, el amor, te rompe, pero los libros, la literatura, siempre están ahí. Latente. El arte en sí, te ayuda a sobrevivir y los artistas saben de lo que hablo, porque, en la gran mayoría, somos personas sufridoras, o profundas. Puedo alardear de “conocer” bastante bien a la gente, soy observadora, tal vez tengo un sexto sentido, llamadlo como queráis. Sé leer almas, se leen en los ojos, porque los ojos, son el reflejo del alma, pero, por vergüenza o miedo, algo me impide leer en los ojos oscuros, muy oscuros o los claros muy claros. Me intimidan, me atrapan, me desvelan…
Llevo tiempo sin poder dormir, soñando con los ojos negros que me quitan el sueño.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Un mal día.


Hoy es un mal día, hoy es uno de mis pocos días en los que me siento tan sola, que me quema. Una masa de oscuridad que se extiende por mi cuerpo, haciéndome daño, disfrutando con mi dolor. Es horrible estar rodeada de gente que te quiere y aun así sentirte abandonada. Sin ganas de nada. He decidido dar un paseo y disfrutar de mi soledad física, dejando todos los malos pensamientos de lado, el aburrimiento y el sentimiento de despecho que se aloja hoy en mi interior. No sé porqué razón me pasa esto, no tengo ni la menor idea. El viernes, fue un día increíble, fue genial, divertido, revelador y me sorprendía a mi misma. Todo junto. El sábado fue un día normal, tal vez un poco triste cara a las 3 de la madrugada, cuando Sara y yo nos contábamos confidencias del pasado, recordando el dolor que sentimos tiempo atrás, mientras fumábamos cigarrillos, escuchábamos a Gary Jules e intentábamos teñirlo todo con una nota de humor irónico. Aparentando ser fuertes.
En realidad no me hace falta aparentar fortaleza, sé que soy fuerte. Lo sé. Pero a veces me cuesta recordarlo, a veces, la debilidad se apodera de mi y me hace sentir vulnerable y sola. Como hoy. Hoy me siento vulnerable, y en consecuencia me siento sola y triste. Con ganas de tirarme en la cama, con música en mis oídos, para dejar a mi mente vagar por donde quiera.
O tal vez, lo que necesito es un cambio, correr contra el viento, y que el frío me corte la piel. Necesito estar envuelta en agua de mar, desnuda. Necesito estar en una cama deshecha con un cuerpo caliente a mi lado. Necesito un cigarro y algo para beber, algo fuerte, a poder ser.
Olvidar que existo y volver a empezar cuando despierte.

Una invención mía...


La tenue luz se filtraba a través del grueso vidrio de la televisión, iluminando nuestros rostros inmóviles, fijos en la pantalla. No podía leer sus pensamientos, yo no hacía más que pensar en sus labios. Era demasiado nerviosa e insegura para besarla.
Ella, apoyada en mi pecho, su cabeza, apoyada en mi pecho, subía y bajaba a cada bocanada de aire mía. Me moví un poco, solo un poco, para no molestarla y fue como si su cuerpo se encendiese. Algo en su interior se activó. Su mirada, ahora posada en mí, se tornó húmeda. Se relamió los labios, mirándome los míos. Se puso a mi altura y nuestras respiraciones se encontraron, entrecortadas. Sentí sus labios besándome con suavidad, mantuve mis ojos cerrados, disfrutando del momento y escuchando como poco a poco mí corazón se aceleraba.
En ese momento, se despertaron mis ganas de ella, el deseo de su cuerpo. Hundí mis manos en su pelo, y repasé su cara con los dedos, memorizando sus rasgos y cada centímetro de su piel…

lunes, 23 de noviembre de 2009

Intento de descripción número 8.259.


Todas las veces que he intentado describirme, hablar de mí, siempre, me he dejado algo. Así que opto por describir lo que pienso que son mis rasgos personales más importantes. Mi marca, mi sello de identidad.
Soy rebelde por naturaleza, mal hablada por parte de familia (¡Y qué coño! ¡Me gusta decir tacos, joder!), a pesar de todo, soy dulce, me gusta mimar a los míos y demostrar mi afecto, pero, a según qué personas. Soy reservada, no me gusta contar mi vida o mis intimidades por ahí, al no ser que sea alguien de confianza o alguien especial.
Hay gente a la que quiero demasiado y no sé como hacérselo saber o me da demasiada vergüenza que lo sepan, tal vez porque así demostraría mi verdadera debilidad, cuando quiero aparentar ser una roca.
Tímida, según para qué cosas, normalmente la timidez se diluye cuando estoy a gusto con alguien, si estoy nerviosa, hablo sin parar y me muevo mucho. Me gusta reír y hacer reír a los demás, sobretodo cuando están pasando por un mal momento. Me gusta escuchar, pero, si me cuentan algo que ya he oído tropecientas mil veces, me pongo de mal humor. Soy temperamental, aunque dócil, me acoplo a los demás, supongo que tengo una personalidad amoldable. Cuando algo no es de mi agrado, lo hago saber enseguida, puedo decirlo a buenas o ponerme borde, depende de la persona y/o situación.
Soy sincera, aunque, si sé que la verdad puede doler es posible que me calle o que me vaya por los cerros de Úbeda, con tal de no dañar a la otra persona en cuestión.
Odio las mentiras, como todo el mundo, supongo. Me cuesta mucho confiar plenamente en alguien y me cierro cuando mi instinto me dice que algo va mal.
Como me dijeron una vez, quiero demasiado y sufro demasiado. Es decir, de buena soy tonta. Y me hacen daño, todos me hacen daño, de una forma o de otra, por eso, en mi corazón, en mi alma, se ha formado una barrera de hielo, que me hace ser fría en ocasiones, cuando tengo miedo o cuando algo no me gusta, una situación o algo por el estilo.
Generalmente no puedo estar sola por la calle, me entra el pánico, aunque me gusta estar sola de vez en cuando, disfruto de mi soledad.
Tengo un corazón muy grande y una paciencia todavía mayor, no me rindo fácilmente y si algo quiero, algo me cuesta, y eso lo sé desde que tengo uso de razón. “La suerte nunca regala, solamente presta” (No sé dónde lo leí.)
Cambio mucho de opinión y me canso enseguida de las cosas (ojo, no de las personas), como por ejemplo, de mi estilo, mi pelo… siempre necesito hacer algo nuevo y emocionante para evitar la rutina.
Me gusta arriesgarme, quien no arriesga no gana, aunque luego me pase noches enteras sin dormir esperando la fatídica respuesta de mi locura.
Soy un alma oscura, tal vez por mi madre, que también lo es. No siempre soy positiva y mi humor cambia mucho a lo largo del día (aunque, últimamente es bueno).
He tenido etapas de mi vida turbulentas, que, afortunadamente, han servido para bien, y las cuales he dejado muy, muy atrás y lejanas en mis recuerdos. Esas vivencias han forjado quién soy ahora y porqué soy así. Sinceramente, hay muchas cosas de mi que no me extrañan si miro a mi pasado.
Soy capaz de memorizar diálogos enteros de series o películas. Adoro hacer fotos, pero todavía no he podido ahondar demasiado en el tema (falta de recursos).
Hablando más íntimamente de mí, me gusta susurrar al oído, pasarme horas pegada a unos labios, o adherida a un cuerpo, de mujer. Me gusta mirar dormir, pero odio tener que despertar, así que suelo usar otras opciones (como lanzar a mi perra o tirar pelotas). Me gusta dormir con alguien, pero solo un rato, sí, eso rompe todo el romanticismo, pero me cuesta mucho dormir con otra persona a mi lado, aunque me gusta. Adoro que me abracen por detrás o simplemente que me abracen. Que me toquen el pelo, el corazón… que rocen mi piel y sentir ese cosquilleo maravilloso viajando por todo mi cuerpo. Me recreo el los olores y sabor de otro cuerpo femenino, e invento recuerdos que luego plasmo sobre este papel.
Me gusta ser yo misma en general, aunque desgraciadamente no puedo serlo todas las veces que me gustaría…
Y seguro que me he dejado algo… pero, lo dejo para que lo descubras , si quieres. Yo quiero descubrirte a ti :)

domingo, 22 de noviembre de 2009

Agua - Vida.


Agua - Vida. La vida es difícil, complicada, a veces, una verdadera mierda. No voy a negar que hay días en los que no puedo más, en los que me siento más muerta que viva, en los que no sé que hago aquí, en este mundo. Cuando tengo uno de esos oscuros días míos, me encierro en mi baño, me desnudo, me miro al espejo en intento ver algo bueno en mí. Lloro y me derrumbo, es entonces cuando me meto en la bañera y me mojo con agua muy fría. Me hace sentir viva, se acelera la respiración y el corazón, inevitablemente sabes que estas viva en ese preciso momento. Es como una extraña euforia que me vicia. Como un orgasmo, aunque diferente. Prolongado, inmediato…
Posiblemente sea una tontería escribir sobre esto, y no estoy queriendo decir que hoy haya sido un día malo, al contrario. Me siento afortunada y aprendo a ser feliz con mi vida, apoyándome en quienes me rodean.
También quería decir, que tengo muchas ganas de ti. A veces me siento absurda y tonta, porque me haces sonreír como una verdadera gilipollas. Suerte que no me ves todos los días (en realidad, preferiría que me vieses). Quiero que me abraces y me protejas del frío. Y decirte que… You're so amazing, so amazing... ♥

sábado, 21 de noviembre de 2009

Tú me importas.


En pleno delirio ebrio, me acordé de ti, y de ti, y de ti, y de todas las personas que me importan de verdad. Aquellas a las que amo, aquellas a las que quiero, a aquella que me gusta tanto…
Sentada en un portal, esperé pensativa, observando la noche y fumando un cigarrillo, sola. Y fue la primera vez en mucho tiempo, en la que no me sentí sola. El ruido de las calles era como música para mi, el frío, me hacía sentir viva y sentía una ligera sensación de ensoñación.
No puedo evitar pensar en todo lo que me ha pasado en tan poco tiempo y lo mucho que me ha ayudado. Estos últimos meses, han sido un alivio para mi, pues los meses anteriores, fueron un tormento y una verdadera locura.
He madurado, he aprendido a valorar a los demás, a apoyarme en los amigos y no dejar que mi corazón sea el que lleve las riendas de todo.
Aunque siga teniendo los mismos problemas, y que intente ignorarlos, me siento mejor, los sobrellevo mejor.
No sabéis el dolor que provoca llegar a casa y vivir cada día la misma historia que ayer, dolorosa, patética y triste.
Me escondo, huyo. Me sumerjo en los libros, expreso lo que siento con palabras y fotografío mi alma. Me dejo llevar por la música y durante un rato me olvido de todo. El arte, las personas, están para hacerte olvidar todo lo malo del mundo, de la vida. La hacen más fácil y mejor, te hacen amarla, sentirla y no querer dejarla ir.
Gracias a todos por sostenerme.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Desnuda.


Desnuda me entrego al arte, sin complejos y sin miedos. Las sombras dibujadas en mi piel, crean formas anómalas en el cuerpo. Hermosas. Éste es mi cuerpo, con el que he nacido y crecido. Es la caja que porta mi alma, mi corazón y mis entrañas.
Es lo único de mi que puedo entregar, es lo único que, comunicado con el alma, sabe dar sentido a las caricias y a los besos. Fugaces, tiernos.
El cuerpo, que nos permite vivir los orgasmos del alma, vivirlos, revivirlos, sentirlos y gemirlos.
Una fotografía oscura, morbosa y caliente. Sórdida. Puede inspirar infinitas sensaciones en distintos cuerpos, distintas almas. Yo solo quiero provocar una serie de sensaciones. Éxtasis. Lujuria. Amor. Pasión.
No sé si yo, mi cuerpo, mi alma, pueden despertar esas sensaciones en el cuerpo (alma) de otra persona, otra mujer.
Quiero hacer sentir lo que me hace sentir a mi un cuerpo de mujer, me hace evocar recuerdos pasados e inventar nuevas historias, en mi mente, o sobre este papel. Me incita a pensar, divagar, soñar. Me excita, se calienta mi piel.
El alma, que reside en el corazón, que, a su vez, vive (sobrevive) en nuestro pecho y, cada vez que ves a esa persona especial, te avisa, un golpecito, un murmullo, una sonrisa, un latido, dos latidos, miles de latidos. Fuertes, vivos.
Es el amor, almas perdidas y almas encontradas de este universo. El amor, lo que da la vida. Y la vida, lo que da sentido al amor.
Quiero sentirme así. Es la mejor sensación del mundo.
Tener el alma libre, pero encontrada.

Hoy, dormida sobre los espejos,
He soñado que abrazaba tu cuerpo
Y le hacía el amor a tu alma.
Hoy, acariciada por el reflejo de tu ser,
He recordado todas las noches de mi vida
En las que fuiste mío y te diste a mí.
Hoy, callada y silenciosa sobre la luz,
Te he dicho que te quiero en soledad
Deseando despertar al otro lado.
Hoy, dormida sobre los espejos,
Quería que ellos fuesen nuestra cama
Mecida por el reflejo de mis sueños.
Hoy, susurrando tu nombre en un rezo,
He sentido todo el dolor de tu ausencia
Perdida de nubes y esperanzas marchitas.
Hoy, al despertar de este pasado,
He visto mi sombra transparente
Caminando descalza hacia la muerte


Jordi Sierra i Fabra.

Mírame.


Mírame, como si fuera la última vez. Bésame, huéleme, no me dejes caer.
Me da miedo besarte y engancharme a tus labios, hacerme adicta a ti.

Pero, te hablaré de mí. Conóceme.
Tengo un olor diferente cada día, mis labios son suaves, mi piel es pálida y de satén, mis caderas curvas, llenas. De mujer. Mi pecho, ya lo has visto. Mi nariz, espero que la dibujes algún día, aunque yo la odie. Mis ojos, tristes, expresivos, oscuros y emocionales.
Soy tímida, insegura a veces, malhablada cuando estoy a gusto (es un cumplido), soy miedosa, impulsiva (pero mucho, mucho), risueña, seria en ocasiones, optimista puertas hacia afuera, me gusta llamar la atención y ser distinta a los demás. Especial, como diría L. (es la única que sabe ver la belleza de mi interior, tal vez por eso la quiero tanto), soy cariñosa, inteligente, aunque vaga. Soy muchas cosas y me gustan otras tantas, pero sobretodo quiero que las descubras tú.

Manuela Roca, excepcional.


Manuela Roca. ¿Quién es Manuela Roca? Ella es una mujer excepcional, luchadora, fuerte y bella. Un modelo a seguir. Mi modelo a seguir. Manuela lleva 12 años luchando contra un cáncer que finalmente ha ganado la batalla. Pero ella no se ha dado por vencida, y sigue luchando a pesar de todo. Nunca pierde la sonrisa de su rostro, aunque en sus ojos se lee el miedo a la muerte.
Es la mejor profesora que alguien tenga el honor de tener, no sólo enseña la materia, si no que nos enseña cómo es la vida y como hay que vivirla. Como hay que enfrentarse a los miedos y ser fuertes, no rendirse. Ella me ha enseñado todo eso y mucho, mucho más.
Se deja la piel por sus alumnos, da clases en pleno tratamiento contra su fatal enfermedad y además, piensa que no es buena profesora porque no sabe controlar sus alumnos y es, simplemente que peca de buena persona, de tener una paciencia inmensa para poder aguantar a los cuatro estúpidos de turno.
Cuando tengo un mal día, pienso en ella, en todo lo que sufre y en lo mucho que se esfuerza por sobrevivir, y eso me da fuerzas a mi misma.
No quiero pensar en el día en que se vaya de este mundo, porque, nadie se da cuenta, de que va a ser una gran pérdida para nosotros y para esta sociedad. Sería maravilloso que existieran más personas como ella, pero, Manuela es única y tal vez eso la haga tan especial.
No valoran su esfuerzo y sus ganas, y eso me altera y me enferma. Es tan cruel verla hundida, tras una clase desastrosa en la que los alumnos la insultan o demuestran su pasotismo de la asignatura ignorándola… cuando ella vive la Filosofía, vive la Psicología y vive todo lo que hace.
No sé si leerá esto alguna vez, algún día. Quizás remueva recuerdos oscuros, o se entristezca al ver cada vez más cerca la realidad. Mi realidad es que Manuela en mi nunca va morir, porque siempre habrá un hueco para ella en mi corazón, siempre la recordaré como aquella profesora que me enseñó a pensar, que se preocupó de mi mal estar y que se alegró de mi felicidad. Ella, que siempre tiene un comentario agradable para todos y que demuestra su cariño a quienes se lo merecen y a los que no también.
Si tuviese que definir a Manuela con una sola palabra, a pesar de todo, sería vida.

Pasión, sexo, lujuria.


“Pasión. Está dentro de todos nosotros, durmiendo, esperando. Y aun sin desearlo, sin pedirlo, se desata, abre sus fauces y aúlla. Nos habla, nos guía. La pasión nos gobierna a todos y nosotros obedecemos, ¡Qué remedio nos queda! La pasión es la fuente de nuestros mejores momentos, la alegría de vivir, la claridad del odio y el éxtasis del dolor. A veces duele más de lo que podemos soportar. Si pudiéramos vivir sin pasión, tal vez encontraríamos algo de paz, pero estaríamos vacíos, habitaciones vacías, destartaladas y húmedas. Sin pasión, estaríamos realmente muertos.” Ángel (Buffy Cazavampiros)
El sexo. “Todo se reduce al sexo” (Brian Kinney)
Hoy me siento muy sexual, y no tengo idea de porqué, pero me gusta.
Sí, siento que mi piel está ardiendo, mucho más caliente de lo normal. Y tengo deseos de desnudarme, a pesar del frío atenazador que gobierna la noche.
Sexy. No sé si soy sexy o no. pero hoy me siento sexy, diferente. Bien.
No es que tenga ganas poderosas de hacer al amor (sin amor, gracias) es más como una sensación ¿Sabes? Algo que siento yo y que nadie más puede sentir si no está dentro de mí.
La lujuria. ¿Qué tiene esta palabra que me embelesa tanto? Me encanta decirla, escribirla, deletrearla, sentirla, gritarla y a veces hasta gemirla. Es preciosa. Es sexy, es romántica pero guarra. Sí, admitámoslo, es una palabra sucia. Bellamente sucia. Me recuerda al cálido cuerpo de la Venus de Milo, o al cuadro del Nacimiento de Venus. Me viene a la mente un cuerpo de mujer, pálido, sensual (otra palabra que adoro), cubierto de rubio vello, con el cabello largo y rizado cubriéndole los hombros perfectos y blancos, entre cuyos mechones se pueden adivinar los pechos firmes y suaves.
Me recuerda al olor de una mujer, al olor del sexo y vagamente al del amor (dulce y amargo a la vez).
El dolor, el que se produce cuando se implican sentimientos en una relación “puramente sexual”. O cuando amas a alguien que no te ama (o no lo suficiente, lo que tu/yo necesitas/to).
Duele amar a quien no te ama y duele que utilicen tu cuerpo diciendo que lo hacen, no te fíes de nadie. Se es “más feliz así” (me miento a mí misma, sí, mecanismos de defensa, estoy perturbada, lo sé. La sociedad me ha hecho así.)
A veces el dolor es dulce, porque saca lo mejor de mi, quiero decir, cuando el dolor es desgarrador, no me salen las palabras, pero cuando la herida a sanado (o al menos apenas queda un amargo rastro de resentimiento y odio hacia mi misma) las palabras salen solas, se dibujan en mi cerebro y mis dedos las plasman, tal cual las pienso, en este folio cibernético (amado mío).
Con este pensamiento lujurioso, me despido con pasión, pero sin amor.

xoxo

Mentiras.


Mentiras.
Las hay de todo tipo, mentiras piadosas, que no hacen daño a nadie, mentiras para sobrevivir en esta sociedad intolerante (a las que yo recurrí mucho en mi infancia) y mentiras que se inventan para satisfacción propia, porque se tiene un problema mental o porque gustan de hacer sufrir a los demás.
También una persona puede engañarse a sí misma, es un mecanismo de defensa que se llama negación. Hay muchos mecanismos en los que se usa la mentira, pero hay que estar muy perturbado (yo lo estaba/estoy) para recurrir a ellos. De todas formas yo en esos casos puedo llegar a comprenderlo.
Pero odio las mentiras y odio a la gente mentirosa, no se merecen mi respeto ni el de nadie.
Yo admito que he mentido mucho, pero aquella etapa infantil la dejé atrás, junto con mi inocencia robada y las imágenes de violencia grabadas a fuego en mi memoria. No me sentí orgullosa en su momento ni me siento orgullosa ahora. “No es mentir si te obligan a hacerlo” (Brian Kinney, Queer As Folk.) no es que nadie me apuntase con una pistola obligándome a mentir, pero sentía una presión invisible pero fuerte que sí me obligaba a hacerlo. Supervivencia. Aceptación.
También he llegado a negarme/mentirme acerca de mi sexualidad, y he cometido errores (uno muy grande en particular) que ha dañado a terceros sin ser mi intención y de los que me siento profundamente arrepentida.
Ha pasado mucho tiempo, he madurado, y tengo la suficiente confianza en mi misma como para no necesitar recurrir a la mentira. Ya no tengo miedo de lo que piensen los demás de mi, dejé de tenerlo cuando me dí cuenta de que lo que más les jode a los “abusones” es la indiferencia hacia sus actos/burlas.
Las mentiras duelen más que los recuerdos semi olvidados, aquellos que se guardan en el inconsciente y que salen a la luz de vez en cuando para torturarte un poco.
La mente, tan maravillosa, tan misteriosa… ¿Habrá una especie de mecanismo en el cerebro que incite a las personas a mentir? ¿O es cosa de la inmadurez generalizada de esta triste sociedad?
Me duelen las mentiras, me duelen los engaños. Ya no te puedes fiar ni de tu sombra…
Escribo desde la rabia, no estoy hecha para este mundo sin sentido, y esta vida vacía.
Cuando me miro en el espejo, tengo una permanente expresión de tristeza y melancolía. Una mirada adulta y torturada. Ojos llorosos y tristes. Mirada perdida y absurda. Ciega. Veo sin ver nada. No quiero ver este mundo mentiroso, ni vivir en él.

Distancia.


Quiero sobrevolar esa distancia que nos separa, abrazarte y poder llorar en tu hombro cuando lo necesito – demasiadas veces para mi gusto – . Hablar mirándote a los ojos (perderme en ellos) y que me ayudes en mis decisiones difíciles.
Solo tu voz me calma, y me arranca una sonrisa sincera, evocando recuerdos pasados, grabados tiernamente en mi memoria.
No hablo desde un corazón enamorado, él ahora permanece callado, a la espera. Latente.
Créeme cuando te digo que te quiero, y siéntete especial porque una vez te amé con locura. Aunque quiera pensar que alguna vez he querido o querré a alguien tanto como te quise a ti, me estaría mintiendo a mi misma… el primer amor nunca se olvida, y eso es una verdad como un templo.
Recuerdo todas las noches que soñé dormir en tu cama y tantas otras que morías en mis brazos y me despertada con los ojos anegados en amargas lágrimas de miedo.
No sé como agradecerte que me hayas perdonado mi cabezonería, y sabes que me arrepiento sobremanera de no haber escuchado tus consejos. Ojala lo hubiese hecho. Supongo que era mi destino vivir este dolor, para poder doblegar mi bondadosa personalidad y hacerme más fuerte (o gélida) que nunca.
Siento que hay una barrera helada entre yo y el mundo exterior, que tengo miedo de sentir, de dejarme llevar. ¿Quizás es que no hay nadie lo suficientemente capaz para arrastrarme al vacío que es el amor?
No quiero pensar eso, quiero luchar y enfrentarme al futuro. Aunque no quiera y me niegue a pensar en él.
Todo es tan difícil de entender… ¿Por qué soy así? Y ¿Por qué hay gente que hace daño por placer? Es algo que no logro entender, tal vez soy demasiado buena, demasiado inocente para este absurdo mundo lleno de mentiras y dolor. Me destruye lentamente.
Hay días en que quiero desaparecer de este mundo, quedarme dormida y despertar cuando todo haya pasado. No puedo evitar sentirme sola, muy sola.
Odio las mentiras, y sobretodo, odio que me mientan. ¿Por qué? Oh, ¿Por qué me mienten? ¿Por qué les gustan tanto hacerme daño?
No merezco que me hagan daño… nunca más. Ya he sufrido suficiente ¿No?
De todas formas, la vida es esto. Sufrir, llorar, intentar vivir y no morir en el intento, hacerse fuerte, madurar, gemir, enamorarse y que te rompan el corazón, no fiarse de nadie, inventar historias, fotografiar almas, viajar en el tiempo (el país de los recuerdos enterrados y olvidados), tener miedo, emocionarse, vivir nuevos recuerdos (buenos y malos) e intentar mantenerlos intactos en tu memoria…
No quiero olvidarte, espero no hacerlo nunca.

Miedo.


El miedo te acelera la respiración, y el corazón se desboca en un rápido e intenso galope, como cuando sientes el orgasmo cerca y violento, arrastrándose por el interior de tu cuerpo, te estremeces y te cuesta respirar, aunque abras la boca, borracha de placer, el aire no llega a tus pulmones, que están llenos de gritos y jadeos. Una diferencia es, que cuando tienes miedo, la piel se te pone pálida y fría. Cuando sientes placer la piel te arde, está húmeda y rosada.
El miedo es un sentimiento que permanece enterrado hasta que viene alguien y lo desentierra, entonces no duermes, no comes y estas en constante alerta. No acabas de fiarte de nadie, ni de los gestos ni de las palabras. Es horrible sentir miedo, pero es algo que vive con nosotros, dormido, acurrucado en un rincón y que, una vez despierta, es difícil que vuelva a hibernar.
¿Puedo pedirte algo, miedo? Desaparece de mi vida, vuelve a dormir, permanece callado en un rincón de mi corazón. Deja de atormentarme, deja que piense por mi misma, no me ciegues, no me hables. Déjame sola. Con mi dolor, con mi no dolor, con mi felicidad o lo que queda de ella. Déjame con lo que pueda ser o no ser, solo déjame, desaparece de mi vista. Mis sentimientos te odian. Yo te odio.
Oh, el odio, un sentimiento brutal, destructivo, pasional… lo opuesto al amor, otro sentimiento destructivo y pasional. Ambos te comen poco a poco hasta dejarte sin nada. El odio te consume, la rabia te envuelve y no te deja ver la realidad. Te agota.
No quiero sentir nada. No quiero odiar más, no quiero tener más miedo.
Solo quiero ser...
Dulce. Rara. Especial. Única.
Simplemente… yo.

Sentimientos vacíos.


A veces creo que estoy vacía por dentro. Siento que mi alma esta gastada y usada. Sí, me siento usada, cuerpo usado, corazón usado – diatésico, enfermo, loco, roto, muerto – utilizada sería la palabra más apropiada y no quiero sentirme así nunca más. Tengo miedo a querer (demasiado), de enamorarme de nuevo… aunque no creo que vuelva a sentir tanto como antes (y lo agradezco, es agotador). El amor es como un deporte de riesgo, algo peligroso. Puede salir mal (la mayoría de las veces, de ahí el miedo a perder a alguien de por si maravilloso) o puede salir bien.
Ciertamente no veo mi futuro atada a una persona. Antes sí. Era ingenua, una niña. Ya no soy una niña, la niñez y la inocencia la perdí hace mucho tiempo. Ahora intento concentrarme en ser feliz junto con mi soledad absoluta, vivir sin necesidad de cariño o amor. ¿Para qué? Mejor el amor propio (que desgraciadamente no tengo).
Como me siento vacía intento llenar ese vacío con libros, maquillaje, ropa nueva, alcohol, drogas, tabaco… no es algo de lo que me sienta orgullosa, pero lo sobrellevo mejor así.
No tengo un punto de apoyo y tal y como es mi vida, lo necesito. Sí, tengo amigos, pero no es lo que necesitaría (¿?) ahora mismo. No es que lo necesite, creo que es más lo que me gustaría tener, aunque no llegue a tenerlo nunca.
Sí, sí, soy negativa. Bah. Soy realista.
Y no, no tengo un mal día, en realidad, estoy eufórica, aunque físicamente me duele todo… (no me sienta bien salir hasta tan, tan tarde y dormir en casas ajenas), con todo, fue una buena noche.
Y hoy voy a tener un buen día/noche.
No estoy muy inspirada… tengo tantas cosas que contar, tantas cosas que me quedan por sentir, decir, analizar, gritar…
Tengo ganas de ti. Creo.
El miedo me ciega.

Absurda bipolaridad.



Me siento enferma, una enferma mental. Gastada, desquiciada. Lo que me pasa por la cabeza sé que no es lo normal. Me he levantado infeliz, con ganas de morir o de dormir – eternamente – pero conforme han seguido los minutos de este día, me he llegado a sentir eufórica, pesimista, histérica, feliz, muy infeliz… ¿que no tendré un agudo caso de bipolaridad? Solo me pasa lo malo cuando estoy sola y me siento todavía más sola y abandonada.
La soledad, es ensordecedora. El silencio, aterrador. Esta situación me amarga la existencia aunque intente engañarme a mi misma diciéndome que soy feliz y que todo está bien. Nada esta bien, nunca nada va bien. Tengo miedo, creo que, incluso tengo miedo de ser feliz, porque una vez lo consigues, tienes el miedo de que se acabe, de que te la roben. Pienso muchas cosas últimamente, me miento, a mi corazón y a mis deseos, pensando qué es lo mejor y lo peor, me contradigo o es mi corazón el que se contradice. No lo sé… “Dentro de mi orden siempre hay un desorden, y dentro del desorden, del caos, la estabilidad y en ella la inestabilidad que me lleva a la felicidad” (Gracias, Rhea). No soy una persona inestable, sé que no lo soy, de hecho, me considero una chica simple, con las ideas claras, pero no se puede decir lo mismo de mi corazón (que es capaz de amar con una fuerza sobrenatural e incluso anormal). Quiero demasiado, pero nadie me quiere lo suficiente a mi, y eso, es algo muy, muy triste, una persona que solo sabe dar amor y que a ella no le hayan dado amor de verdad nunca en su vida. Si lo pienso demasiado, me hundo en un abismo oscuro. No quiero volver a ese abismo del que he salido recientemente (y sin ayuda de NADIE). Tal vez volver con el gran amor de mi vida haya ayudado a mi lenta recuperación post ruptura de corazón. Ahora, lo siento en mi interior, y sé que es verdad, porque mi cuerpo y mi alma actúan así, no voy a sufrir más por amor.

Ella.


Aquella que lame mis heridas,
Las huele, las besa,
Las cura con su saliva.
Las entiende, las busca,
Las encuentra.
Cicatrices en mi brazo, que residen en mi alma.
Toda la noche en vela,
Son su lengua pegada a mi piel
Limpiando la sangre muerta
De un corazón que es fiel.

La voz interior.


La voz. El miedo.

Un murmullo callado.
Un sonido mudo.
Un silbido tétrico.
Un suspiro aliviado.

La voz que retumba en mi cabeza, una voz de ultratumba que me hace estremecer, su eco retumba en mi memoria, evocando recuerdos del ayer.
El pasado enterrado en mi cerebro, bajo sesos, pensamientos y neuronas. Es la voz que destapa en un sórdido tira y afloja, las imágenes escondidas en mi interior. La caja de Pandora.
Mi corazón - diatésico – está escuchando esa mórbida voz ronca. El aire viciado se come mis ojos y mastica lentamente mis entrañas. Muerde. Todo está sucio, manchado y negro. Rojo.

Una voz bella, rosada, azulada.
Caótica.
De niña, de mujer aniñada. Con ojos de gata y labios de puta.

La voz dormida susurra tranquila. El dolor ha pasado, pero la marca sigue ahí, como un tatuaje mal hecho, la cicatriz de la peor verdad.

Mal, muy mal.

Veo la luz de la inspiración.





Me siento algo inspirada hoy al leer algo que me ha recordado porqué te quiero y porqué me enamore de ti. Tus letras, tus palabras, tus párrafos... pensar que tu forma de escribir fue la que me engatusó es algo aterrador y da miedo (de verdad). Tal vez fue tu personalidad incierta, saber que eres una rosa negra, tan difícil de encontrar, que no deja que los demás la conozcan, pero, aunque parezca poco, puedo presumir que te conozco y me siento bien al hacerlo, no me arrepiento de nada, sé que nuestra historia fue de las más bonitas que va a haber en este mundo, porque sí, porque es una historia de libro y quiero plasmarla con mis palabras, como sabes yo puedo contarla. Ahora tengo una melancolía que me quema, pero es algo bueno y algo que hecho de menos (de forma sana y cuerda), me gusta que hayan salido las cosas así, porque me he dado cuenta de que te prefiero de esta forma. Las lágrimas están luchando por salir, porque te echo de menos y no he hecho cosas que me gustaría mucho hacer por miedo a volver a caer. “no quiero mirarte, quizás, pueda caer y enamorarme de ti”. Nuestra canción por excelencia (Gracias, Rhea). La cantidad de canciones que nos describen, que cuentan al mundo nuestra historia. “Nada más verte en aquel jardín quise que fueras mía” (Gracias, Porta). Hacía mucho que no describía mis sentimientos en un papel – ordenador – supongo que porque estaba tan amargada que temía que esa amargura, ese resentimiento dejara que las palabras se manchasen y distorsionasen.


¿Sabes? Creo que solo soy capaz de sentir cuando escucho letras que hablan de amor, y recreo el vago recuerdo que tengo de lo que es estar enamorada y ser feliz estándolo. Espero que todo salga bien esta vez, sea lo que sea. Y que esta vez salga bien contigo y que no volvamos a separarnos.


Me parece que ahora me apetece hablar de mí. De lo que siento y de lo que espero de mi misma y de lo orgullosa que me siento de ser como soy y de haber sobrevivido a todos mis miedos. De haber dejado atrás antiguos vicios, aunque me haya “enganchado” a otros. No sé cual es peor, supongo que el que tu y yo sabemos. Cada vez que me miro en el espejo no puedo dejar de pensar en toda la cadena de fatídicos acontecimientos que me llevaron a hacerlo, pero en fin, es agua pasada y tengo una muralla de hielo que hace que todo me resbale ahora mismo.


Soy impulsiva hasta puntos insospechados, demasiado buena todavía, tengo que aprender a ser un poco más cruel (¿más? ¿volver a ser mala? Más me vale serlo.) y tengo que volver a escribir, porque llevo demasiado tiempo sin hacerlo y eso va a acabar matándome. Volver a ser yo, pero diferente y espero que mejor y más madura y menos “quiero más que nadie, aunque no me quieran a mi”, el amor sin condiciones está bien, incluso puedo llegar a sentirlo (¿amar otra vez?), pero todo tiene un (puto) límite.


No quiero enrollarme más, aunque ahora he vuelto a sentir lo que es el vicio de escribir sin pausa y sin tapujos (casi). Todavía no me siento con fuerzas de escribir con totalidad todo lo que siento/deseo/quiero. Es complicado. Supongo que, te quiero a ti, de todas las formas que puedo/podemos/debemos, y me siento bien.